Luis Gordillo

Se encuentra usted aquí

Obra

En el año 1958 viaja por primera vez a París donde se pone en contacto con las tendencias informalistas y la pintura geométrica que están en boga por aquellos años y descubre un clima de libertad creativa inexistente en la España del franquismo. En sus primeras obras realizadas en esta ciudad utiliza la técnica del collage. En 1959 regresa a París pero esta vez permanece allí dos años. Desarrolla un estilo muy próximo al informalismo del grupo Dau al Set [+info] en tonos negros sobre blanco, en la línea de pintores como Antoni Tàpies [+info] o Manolo Millares. Con frecuencia utilizaba la técnica consistente en aplicar manchas de tinta negra sobre la superficie pictórica. Gran parte de su formación de estos años se realiza visitando museos y exposiciones de nuevas tendencias extranjeras. Así descubre la nueva figuración que están desarrollando Francis Bacon y el Pop art estadounidense.

Cuando abandona París, sufre una fuerte crisis personal que le hace replantearse su trabajo artístico, al percatarse de la situación crítica por la que estaba pasando la pintura en aquellos años. Estas crisis serán constantes en su trayectoria artística y se convertirán en un revulsivo para la continua renovación. En 1963 desarrolla una serie de pinturas con temáticas de cabezas que serán la primera experimentación personal de un artista español en la estética pop. Poco después incorpora la influencia del geometrismo con series dedicadas a peatones y automóviles.  Una vez que ha experimentado con sus tres influencias principales: informalismo, Pop art y geometrismo, comenzará a desarrollar su estilo puramente personal.

Se incorpora el grupo de artistas denominado Nueva Generación en 1966, con la realización de una exposición grupal organizada por el comisario Juan Antonio Aguirre, donde se muestran una serie de posibilidades que permitan abandonar el informalismo vigente a través de una línea figurativa o geométrica.

Pronto descubre el psicoanálisis y lo aplica a su pintura, conjugando desde entonces el mundo de las experiencias personales, de la mente y de la investigación estética. Los significados empiezan a cobrar una especial importancia en esta nueva etapa.

En 1970 sufre una larga crisis que le lleva a abandonar la pintura y dedicarse únicamente a hacer dibujos automáticos, consistentes en dejar a la mano desarrollar trazos libremente sin que exista una concepción o diseño previo. Aunque cobran importancia en esta época, ya hay una fuerte carga de automatismo en sus obras con tinta de la etapa informalista.

Retoma la pintura con una serie de cuadros llenos de color y con la aparición de la ironía, que será una constante en su obra a partir de entonces. Se le comienza a relacionar con la Nueva Figuración Madrileña, un grupo de jóvenes pintores sobre los que ha ejercido una importante influencia con las experimentaciones de los años anteriores.

Al mismo tiempo, experimenta con nuevos métodos de reproducción de imagen. De esta manera transforma sus propias obras, introduce la fotografía como método creativo o capta y modifica imágenes procedentes de los medios de comunicación. Todas estas novedades generarán una transformación estética con un giro hacia unos tonos más artificiales y psicodélicos y con la generalización de la monocromía.

Desde este momento es habitual encontrarnos con obras de Luis Gordillo en las que se nos muestra el mismo motivo pictórico de forma enfrentada, como si estuviese junto a un espejo. Una de las imágenes aparece coloreada y la otra monócroma, inspirándose en los negativos de las imágenes fotográficas.

Luis Gordillo fue uno de los pioneros en la utilización de la fotografía como soporte artístico en un momento en el que en España se mostraba un escaso interés hacia ella y en el resto del mundo había tomado más importancia como registro de acciones artísticas que como lenguaje de experimentación visual y conceptual.

La repetición sistemática de una imagen levemente modificada, supone la superación de la tradicional consideración de la pintura en dos dimensiones para introducir una tercera dimensión, el tiempo, que refleja la alteración de los estados emocionales en diferentes momentos del día o de la vida. En los años ochenta retoma la línea abstracta de los primeros años y la experimentación intrapictórica. Uno de los motivos más repetidos es el de las situaciones meándricas, consistentes en expandir a lo largo del cuadro una mancha pictórica siguiendo técnicas similares al automatismo experimentado en la década anterior.

En la década de los noventa surgen nuevos intereses. Desde entonces presta una mayor atención a la terminología, como se puede comprobar en los títulos de las obras. Al mismo tiempo encuentra inspiración en toda la imaginería de la biología y las visiones a través del microscopio, que utiliza de forma irónica y cargada de fantasía. Extrae las cualidades abstractas existentes en elementos naturales como por ejemplo el mundo celular o de los tejidos orgánicos. Como se puede comprobar, Luis Gordillo está comunicando a través de la abstracción, pero nunca separada por completo de la realidad y del mundo físico. La pintura de estos años se sigue caracterizando por la frialdad cromática, con el predominio de esa tonalidad azul verdosa tan característica en su obra, y un cierto desapego con los temas. Oscila constantemente entre el lenguaje figurativo y las nuevas fórmulas de la abstracción, sin decantarse completamente por uno de los dos modos de expresión. El tamaño de sus obras aumenta considerablemente desde 1989 y es frecuente que disponga sus cuadros en forma de polípticos. Ya entrado el nuevo siglo, Luis Gordillo comienza a explorar las posibilidades de la estampa digital y de la aplicación de las nuevas tecnologías a los procesos creativos. Como ya hiciera décadas atrás con la fotografía, utiliza todas las técnicas que tiene a su alcance para investigar sobre los procesos de repetición, seriación y transformación de la imagen artística.

Aunque la crítica tradicionalmente ha alabado sobretodo la influencia que tuvo en los años setenta para el desarrollo de la Nueva Figuración Madrileña, Luis Gordillo considera que son en sus últimas obras, sobretodo desde los años noventa, donde ha conseguido desarrollar su verdadera potencia creativa.