Kepa Garraza

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Obra

Kepa Garraza es un artista peculiar. En primer lugar por el soporte con el que trabaja con mayor frecuencia, la pintura, y en segundo lugar por el estilo que desarrolla, fotorrealismo.
En sus obras tempranas, también trabajó con otros medios de expresión como la fotografía y la instalación, pero los ha ido abandonando progresivamente y en su producción de los últimos años se ha decantado exclusivamente por la pintura, técnica en la que se encuentra más a gusto.

La fotografía tiene una gran importancia en sus obras, puesto que se convierte en una clara inspiración y en un instrumento de trabajo para ejecutar sus cuadros. Su proceso creativo arranca fotografiando escenificaciones en su estudio, que después manipula con Photoshop y lo traslada a la pintura.
También se deja sentir la influencia de la fotografía en su modo de trabajo seriado, desarrollando un único concepto a lo largo de varias obras, cuya elaboración se extiende en el tiempo durante varios años.
Su estilo pictórico es hiperrealista y narrativo, lo que le permite mantener una conexión con el público. A Kepa Garraza le gusta desarrollar una historia, dando las claves para que sea el espectador el que cree su propia opinión, pero sin concederle excesiva libertad.
Sus influencias son muy variadas. Desde el punto de vista formal es clara la influencia de la pintura de historia decimonónica, con elaborados escenarios y la presencia de numerosos personajes en la escena. También artistas actuales como Cattelan, Vim Delvoye y Luc Tuymans o los clásicos del siglo XX Duchamp, Warhol y Bacon.
En cuanto a la temática desarrolla obsesivamente una reflexión entorno al arte, en su concepto más amplio. Muestra las debilidades que arrastra el sistema artístico desde los siglos anteriores, como el mercantilismo, la dependencia de las galerías, la concepción del artista como un genio romántico, la creación de mitos y leyendas, la supervivencia en un futuro, etc.
Sus otras temáticas preferidas son la violencia y la muerte. Aparece de forma obsesiva en la mayoría de sus trabajos. Pretende hacernos reflexionar sobre la aceptación de la violencia en nuestra vida cotidiana. Los medios de comunicación han ayudado en gran medida a esta tolerancia haciéndonos insensibles ante el dolor ajeno.

Kepa Garraza considera que tan sólo mostramos reacciones coléricas ante situaciones violentas si éstas han pasado anteriormente por un tratamiento estético. Con frecuencia une estas dos temáticas de manera genial en la mayor parte de sus obras, aunque con tratamientos distintos. Por ejemplo en In heaven everything is fine, pretende romper las fronteras que separan el arte de la muerte y se retrata con grandes artistas del siglo XX ya fallecidos, en un alegato de la trascendencia temporal que han tenido sus creaciones.
Pero la muerte puede llegar a hacerse más explícita como por ejemplo en Y los llamamos ángeles caídos, donde nos reconstruye los escenarios en los que otros grandes artistas de la historia perdieron o se quitaron la vida.
En su serie B.I.D.A. Brigadas Internacionales para la destrucción del arte, consigue una unión genial entre ambas temáticas. Nos presenta una serie de actos terroristas de grupos de ultraizquierda que pretenden acabar con el concepto tradicional de arte. Los museos se plagan de manifestaciones, destrucciones, muertes, secuestros, etc.

Pero trascendiendo de la superficialidad de esta temática podemos internarnos en una reflexión mucho más compleja sobre la tradicional teoría de la muerte de la pintura y de la consecuente muerte del arte. Quizá ese sea el motivo por el que Kepa Garraza se ha decantado por una pintura realista, negando la posible aceptación de estas hipótesis. Sin embargo no es nada benevolente con el sistema artístico tradicional ya que encuentra múltiples contradicciones que han pervertido el funcionamiento del sistema desde hace siglos. Para ello, critica ferozmente este mundo, pero desde dentro, desde las rígidas estructuras que tanto detesta.

Será en su trabajo Kepa Garraza, donde el pintor se centre en el artista como icono, como figura de relevancia social; al margen de cómo se obtiene esa relevancia, si es por su obra o por otros factores. En este proyecto subyace una carga crítica a la figura del artista mediático y de los actores y poderes que intervienen en el ecosistema del arte. 

Es en sus siguientes series, Garraza se introduce más a fondo en las confrontaciones del poder y en los debates ideológicos de la época que le ha tocado vivir. En Osama, una secuencia de imágenes en las que, hipotéticamente, se muestra la captura y muerte de Osama Bin Laden. Su  intención era desarrollar una cronología visual de los momentos clave de esta operación militar y analizar las reacciones y consecuencias que la muerte de Bin Laden tuvo a nivel mundial.

En This is the end of the world as you know it (Éste es el fin del mundo tal como lo conoces), el artista lo ha concebido a modo narración de la realidad actual, una realidad que incluye escenarios tan terribles como la guerra o el resurgimiento de los partidos neonazis, es decir, la violencia que invade el mundo real.

En la serie Power se plantea una reflexión sobre la representación escultórica del poder en la cultura occidental, desde la Grecia clásica  hasta el presente, y que incluye una larga lista de personajes históricos; comienza con Pericles y Julio César, pasa por Felipe II, Napoleón o Lenin, y llega hasta Barack Obama. El artista afirma: "Mi objetivo con este proyecto es analizar las relaciones entre el arte y el poder a través de la historia, mostrando un cronograma visual de imágenes que muestran al espectador cómo el arte siempre ha trabajado bajo la sombra del poder político".