Kepa Garraza

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B.I.D.A. (Brigadas Internacionales para la Destrucción del Arte)

Es uno de los proyectos más ambiciosos en los que ha trabajado Kepa Garraza. Se compone de varias pinturas en gran tamaño, donde se pueden visualizar las acciones del grupo terrorista imaginado, las B.I.D.A., y otra serie de cuadros en pequeño formato donde las portadas de las revistas más importantes del mundo dan noticia de los principales sucesos relacionados con este grupo terrorista.
Es una banda terrorista trasnochada, ya que Kepa Garraza se ha inspirado ideológicamente y estéticamente en los grupos de ultraizquierda de la década de los 70, como los Baader-meinhof o las Brigadas Rojas italianas.


Las acciones destructivas de este grupo suceden en los museos más importantes del mundo y ante las obras más emblemáticas de la Historia del Arte, generando una sensación de terror en el mundo artístico.
Sus acciones son cualquier tipo de destrucción de obras de arte, pintadas amenazantes, secuestros de artistas y galeristas, etc.
El principal objetivo es bien simple, erradicar el sistema artístico tal y como se ha entendido hasta este momento y crear uno nuevo desde sus bases para que se adapte mejor a los tiempos y las necesidades del presente. Cualquier elemento perteneciente al sistema artístico es susceptible de ser atacado, sobre todo los pertenecientes a una vinculación más mercantilista y comercial con las creaciones artísticas, como las galerías, los museos, los coleccionistas, etc.
Se enfrentan directamente con sus estructuras, intentando debilitarlas, creando un caos social que ponga en evidencia el excesivo comercialismo del arte y la carencia de unos principios éticos básicos. La sensación de caos en el circuito del arte se advierte a través de las portadas de las diferentes revistas.



Quizá se pueda encontrar un cierto nexo de unión con la ideología que se trasmitía en el manifiesto futurista de 1909 en el que se glorificaba el militarismo como única higiene del mundo, y cuyos objetivos básicos se encontraban en la destrucción de los museos, bibliotecas y academias, puesto que anclaban el arte al pasado. Únicamente un arte nuevo, sin referencias al pasado y que se desvinculase de la rígida estructura preexistente era digno de alabar por este grupo de vanguardia.



La serie de obras nos aportan una gran información narrativa, puesto que se hace un seguimiento cronológico de las actuaciones del grupo a través de las distintas acciones de asalto. Se nos muestran como si hubiesen sido obtenidas en los medios de comunicación. De hecho, en este aspecto se muestra una de las contradicciones más interesantes, puesto que en caso de que estas acciones de asalto hubieran sido reales, lo coherente hubiera sido que hubiesen sido tomadas en fotografía debido a la inmediatez para captar el instante.



Sin embargo, Kepa Garraza se decanta por la representación en pintura, quizá la menos inmediata de las artes, puesto que no sólo necesita un proceso lento de elaboración, sino unos conocimientos técnicos imprescindibles. Nos plantea de esta manera una perversión del medio artístico y representacional.
Las portadas de las diferentes publicaciones del mundo que dan noticia de la actualidad del grupo consiguen aportar una visión de imparcialidad sobre sus actuaciones, lo que permite que el espectador sea capaz de crearse su propia opinión al respecto.
Su intención no es crear un discurso excesivamente ideologizado y teórico, sino que intenta transmitir su mensaje con claridad para que sea accesible al público en general.
De hecho, la inexistencia de un manifiesto o de un texto en el que se nos dan claramente las pautas que se persiguen, crea un juego entre el espectador y la obra de arte. Las obras son lo suficientemente narrativas como para guiar nuestra percepción de la ficción que expresan, pero a su vez, no cerrando excesivamente la ideología que defienden para permitir una cierta libertad al espectador a la hora de emitir sus opiniones.