Joan Miró

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Disciplinas artísticas

Joan Miró fue un artista muy prolífico, realizando en sus noventa años de existencia unos 2000 óleos, 500 esculturas, 400 piezas de cerámica, 5000 dibujos y collages, y unas 3500 obras realizadas mediante diferentes técnicas de grabado.

 

Pintura, dibujo, collage

 

“Que la gente comprenda que ayudé a liberar no sólo la
pintura, sino el espíritu de los hombres”
Joan Miró

 

Desde las obras de sus inicios, sus pinturas detallistas, el periodo surrealista, las pinturas salvajes, su etapa de madurez y los últimos años, las divisiones de la trayectoria pictórica de Joan Miró en diferentes etapas no dejan de ser tan discutibles como artificiosas. Su longevidad y fecundidad artística imponen en ocasiones una estructuración de este tipo a efectos prácticos. No obstante, la pintura de este artista no ha de considerarse perteneciente a compartimentos estancos, sino que es una obra en continua evolución que no abandona en ningún momento su espíritu provocativo y su búsqueda de la libertad de espíritu.

La obra pictórica de Joan Miró es el germen de toda su producción artística. Desde sus inicios se expresa plásticamente a través de la pintura, y aunque es un artista en búsqueda constante de nuevos caminos, siempre acaba regresando a la pintura. Miró insiste sobre sus temas –la tierra, el cielo, la mujer y los pájaros- en todas sus manifestaciones artísticas, pero es la pintura el medio en el que se manifiestan originariamente estas ideas. Indicativo de ello es la excelente serie de las Constelaciones, que repercute en obras posteriores y en otras disciplinas artísticas. Muchas de sus esculturas, grabados, tapices u otro tipo de medios artísticos son una consecuencia directa de la pintura.

Miró pinta o dibuja sobre cualquier soporte, ya sea lienzo, lija, papel de diferentes tipos, como el de los periódicos, las tapas de las cajas de madera, la parte posterior de otras obras, etc. Por otra parte, su repertorio de técnicas pictóricas abarca el óleo, acrílico, gouache, tinta, lápices de ceras y de colores... Miró pinta con los dedos, apoya sus manos u otros objetos contra el cuadro, derrama pintura sobre el lienzo que deja fluyendo de manera natural o controlada. Las texturas pueden variar de rugosas superficies a otras muy fluidas. En definitiva, es muy vasta la variedad que conforma la técnica pictórica utilizada por el artista catalán.

Con los años, la pintura de Miró se vuelve más audaz y gestual. Aunque algunos críticos mantienen que en su época más tardía desarrolla con mayor interés y eficacia otros medios de expresión plástica, no conviene minusvalorar la presencia de este medio en ningún momento de su trayectoria. Conforme pasan los años la escala de los cuadros se va agrandando, de manera que la metodología de trabajo cambia. Con sus grandes obras no puede utilizar un caballete. Por ello, pinta sobre el lienzo, caminando encima de él, trabajando boca abajo, moviéndose entre el suelo y la pared. La pintura de su época más tardía tiene una condición más abierta, inacabada incluso, que no le resta un ápice de interés.

Miró también trabaja el collage. En ocasiones pinta directamente sobre un periódico a partir de la sugerencia de las imágenes del papel en el que pinta. También recorta fragmentos de anuncios de periódicos o ilustraciones de catálogos publicitarios y los pega sobre una hoja de papel Ingres. Mezcla los medios, por ejemplo aplicando papeles sobre grabados, de manera que las superficies se enriquecen. En muchos casos, el collage no es un elemento independiente que resuelve la composición, sino que es una parte de ella, para crear, junto a otros elementos, la obra completa.

Con respecto al dibujo, Miró realiza dos tipos de dibujos: aquéllos que son dibujos preparatorios de obras que estudia realizar, y los dibujos independientes, con entidad propia. En estos últimos a veces se aprecian las cualidades de la pintura, aunque el color suele ser menos pronunciado que en las pinturas. En concreto en los dibujos en tinta, ésta es empleada de forma parecida a como se emplea en la pintura sobre tela. Asimismo permite al artista concebir el dibujo de manera similar a la caligrafía, acercándose el dibujo a la escritura.

 

Obra gráfica

Joan Miró comentó en una ocasión que el grabado constituía para él un medio mayor de expresión y que había supuesto una liberación y un descubrimiento en su desarrollo creativo. Tiene varias razones para interesarse por esta disciplina: es una nueva materia con la que experimentar y así potenciar sus inquietues artísticas, es un medio mucho más barato que la pintura y por tanto más accesible para el público, y a partir de una sóla obra le permite crear varias muestras.

Miró comienza tardíamente a trabajar con este medio, y a pesar de los obstáculos técnicos iniciales, consigue vencerlos y alcanzar un extraordinario dominio técnico, acrecentando sus recursos creativos. Durante su trayectoria crea miles de estampas y colabora en más de cien libros ilustrados, dejando un considerable legado de obra gráfica.

Emplea un amplio abanico de técnicas y recursos de artes gráficas, incorporando en ocasiones otras técnicas artísticas, combinando como es tan característico en su obra, diversas disciplinas.

Los inicios del artista en el medio gráfico parten de su contacto con el círculo de poetas en París, del que algunos miembros deseaban que ilustrara obras suyas. De esta manera comienza a ilustrar libros empleando innumerables técnicas, como la del pochoir o estarcido, el gofrado o el carborúndum entre otras muchas.

 Diferentes grabadores y artesanos introducen a Miró en estas técnicas: Louis Marcoussis le inicia en el grabado en talla dulce o calcográfico; con Stanley William Hayter perfecciona la técnica del buril, aprende a trabajar con el grabado al azúcar, la aguatinta, etc. Todo este aprendizaje y su propio proceso de investigación del medio le permiten ampliar de manera excepcional las posibilidades de su lenguaje artístico.

A Miró le interesa especialmente la ilustración de libros, ya que permite aunar pintura y poesía, componiendo de esta forma un conjunto unitario. Realiza también gran cantidad de carteles de todo tipo, relacionados con motivos políticos o culturales. Y además crea abundantes estampas y series de grabados, entre ellas la serie Barcelona, sobre la Guerra Civil Española, la serie Gigantes de 1960, la Serie I y la Serie II de 1961, la Sèrie Mallorca de 1973, o la serie Gaudí de 1979.

Algunas de las obras gráficas de Joan Miró son:

 

Entre los libros que ilustró Joan Miró encontramos:

 

Escultura

Joan Miró emprende la práctica de la escultura después de años pintando, pero sus comienzos de escultor hay que buscarlos en la Escuela Galí, de Barcelona, donde el joven estudiante tiene que palpar los objetos a ciegas para después pintarlos con la única ayuda de ese recuerdo táctil. También influyen en su posterior trabajo escultórico y en el desarrollo de su personalidad la presencia de objetos procedentes de la naturaleza o del mundo agrario, así como el contacto habitual con las maquinarias de relojería de su padre.

En París Miró se identifica con la atracción de los dadaístas hacia los objetos, sobre todo aquellos con una función y un emplazamiento distinto al habitual. Comienza a acercarse a la escultura a mediados de los años veinte a través de los collage, ya que en esa época realiza varios cuadros-collage a los que incorpora materiales como cuerdas, madera, plumas, etc. Se plantea por qué tiene que pintar un objeto si puede disponerlo directamente sobre el lienzo. De esta forma el volumen surge en su obra, aunque todavía está ligado al marco pictórico.

En los años treinta realiza ensamblajes a los que denomina construcciones, pinturas objeto o únicamente objetos, en los que continúa integrando objetos en un soporte. Ya en 1931 realiza la que puede considerarse su primera escultura, idependizada de la pintura, un Personatge. En esta escultura, los diversos objetos, debidamente situados y combinados, abandonan su naturaleza original para emerger como un nuevo ente.

A principios de los años cuarenta Miró muestra un interés más serio hacia la escultura. Entre los años 1944 y 1950 realiza varias esculturas, que son una traslación tridimensional de las imágenes y motivos de sus pinturas.

No obstante es en los años sesenta cuando realiza sus esculturas más inspiradas, realizadas en bronce. Para el vaciado de estas esculturas emplea el procedimiento de la cera perdida. En un principio las realiza a partir del moldeado, pero pronto comienza a crearlas a partir de la combinación de objetos encontrados  y diversos materiales, con los que compone modelos que posteriormente funde en bronce.

Se abastece de los materiales escultóricos durante sus prolongados paseos por la playa y el campo. Los selecciona entre piedras con formas peculiares, huesos de animales, latas oxidadas, ramas de árboles, muñecos de plástico abandonados, cerillas, hierros, botellas, y otros objetos que llaman su atención. De esta manera, a veces son objetos elaborados por el hombre y otras materiales de origen natural, en cualquier caso elementos cercanos, procedentes del paisaje que le rodea. Son piezas aparentemente inservibles, que en las manos de Miró, mediante ensamblajes, cobran nuevos significados y dan lugar a personajes u objetos irreemplazables. Con estos materiales Miró crea figuras y formas que son el testimonio de un universo insólito.

A finales de los sesenta Miró realiza una serie de esculturas de tintes alegres y colores vivos, con ciertas semejanzas con el movimiento pop. Son obras como Mujer con pájaro, de 1967, o Muchacha huyendo, de 1968.

Entre 1970 y 1981 Miró es especialmente fecundo en cuanto a la creación de esculturas, realizando ciento setenta en poco más de una década. No abandona su interés por esta disciplina hasta el final de sus años.

 

Cerámica

La fascinación de Joan Miró hacia los objetos y la atracción ante la naturaleza imprevisible del fuego es lo que posiblemente lleva a interesarse al artista por este medio.

En 1942 visita una exposición de Artigas y desde entonces intenta covencerle para trabajar juntos. La colaboración entre ambos se materializa en 1944, en una primera etapa que durará hasta 1946, descubriendo Miró entonces los entresijos del fuego y los esmaltes.

Hay una interrupción de su trabajo en común, que se reanuda entre 1954 y 1956, ayudados ya por el hijo de Artigas, Joan Gardy Artigas. En este segundo periodo experimentan con distintos tipos de tierra y fórmulas diferentes para cambiar los colores, creando obras especialmente interesantes tanto desde el punto de vista creativo como técnico: platos, jarrones, placas, personajes, etc.

En 1956 Miró recibe el encargo de realizar dos murales (Muro del sol y Muro de la luna) para el edificio de la Unesco en París. La innovación que supone tener que realizar cerámica plana y adecuarla para su exposición exterior supone un reto para ambos artistas que consiguen resolver con un éxito absoluto el encargo.

En 1962 Artigas y Miró vuelven a trabajar juntos. Un año más tarde Miró se encarga de realizar esculturas cerámicas para el jardín de la Fundación Maeght de Saint-Paul-de-Vence y en 1970 realiza un gran panel para el aeropuerto de Barcelona.

Desde 1972 Miró ha de trabajar con Joan Gardy Artigas, ya que el padre de éste se encuentra gravemente enfermo. Continúan el trabajo desarrollado en décadas anteriores, y Miró, a pesar de su avanzada edad, conserva intacta su cretividad y espíritu.

Respecto a la temática de la cerámica desarrollada por los artistas, se caracteriza por un cierto primitivismo, y por otra parte tiene características de absoluta modernidad. La iconografía clásica mironiana se mantiene a pesar del cambio de material, aunque las propiedades del mismo le imponen resultados inesperados, que alientan su imaginación: hay muros dedicados al sol y a la luna, placas votivas, máscaras, estelas, maternidades al estilo de la Venus de Willendorf…

El proceso de creación cerámico de los dos artistas es laborioso, y muchas veces han de repetir el trabajo hasta quedar satisfechos, pero el resultado es sobresaliente e innovador, tanto con respecto a los materiales como a las formas.

Miró traslada su lenguaje y su creatividad a la cerámica y Artigas pone toda su maestría artesanal al servicio de la pieza, en una brillante simbiosis donde no se sabe dónde empieza el pintor y dónde acaba el ceramista. Joan Gardy Artigas comenta en un texto a propósito de las cerámicas Miró-Artigas: “Yo no me atrevería a decir que son bonitas, pero sí puedo afirmar que contienen toda la magia y el misterio que ha supuesto su elaboración, todo el enigma que la fabricación de la cerámica artesanal conlleva, todo el desorden y la motivación necesarios para que la obra de arte exista, esta fuerza misteriosa, convulsiva, que hace al arte tan difícil de definir, y tan evidente cuando nos encontramos ante una obra maestra. ¿Cuáles son las reglas?¿Dónde está la verdad?.”

 

Textiles

Hasta 1972 Miró no realiza sus primeras piezas textiles, los tapices y sobreteixims –una mezcla de pintura, collage y tapiz- con Josep Royo como artesano. Trabaja con cuerdas, lanas y otros materiales, abriendo continuamente nuevas vías de experimentación. El empleo de los textiles para la expresión plástica presenta dificultades técnicas específicas que Miró soluciona mediante el uso expresivo de las texturas.

Unos años más tarde, le encargan unos tapices de gran tamaño para Nueva York y Washington. También realiza uno para la Fundació Joan Miró en Barcelona, partiendo de una auténtica pintura sobre tela y a partir de ella Josep Royo interpreta las texturas para encontrar los colores equivalentes. En el Hospital de la Cruz Roja de Tarragona puede apreciarse el Tapiz de Tarragona (1970), realizado junto a Josep Royo y donado por el artista.

 

Escenografía

Los primeros contactos de Joan Miró con el teatro se remontan a 1926, cuando en colaboración con Max Ernst realiza los decorados y el vestuario para el ballet Romeo y Julieta que representa la compañía Diaghilev.

En 1932 Miró diseña, por encargo de Leonide Massine, los decorados, la tramoya y el vestuario de los bailarines para el ballet Jeux d’enfants, producido por la compañía rusa de Montecarlo, con música de Bizet, basado en un libreto de Boris Kochno. La obra es estrenada con gran éxito el 14 de abril de 1932 en el Gran Teatro de Montecarlo.

De 1934-1935 nos ha legado el cuaderno y las anotaciones de un proyecto de ballet que no se llegó a realizar, pero que muestra la calidad de los dibujos y la imaginación inagotable del artista en cualquier ámbito.

Miró no vuelve a trabajar para el teatro hasta 1978, año en que, ya anciano, participa en Mori el Merma, con la compañía Teatre de la Claca. Esta obra, basada en Ubu Roi de Alfred Jarry (1896), es una obra que fascina a Miró desde los años veinte. Con el tiempo, Miró asocia al tiránico personaje protagonista con la figura de Franco y realiza una serie de litografías basadas en el tema, Ubu roi (1966), Ubu aux Baléares (1971) y L’enfance d’Ubu (1975). Dos años después comienza a trabajar con el grupo La Claca en el trabajo que desembocaría en Mori el Merma. Los personajes de la obra son retratados de forma burlesca y trasgresora, presentando una parodia de Franco y los suyos.

Esta obra es concebida originalmente como espectáculo de marionetas, pero al final se estrena como obra de teatro. Joan Miró pinta la escenografía y las figuras de la obra a tamaño natural. Son figuras de algodón y goma-espuma, y Miró pinta los personajes mientras los actores están vestidos con las vestiduras e improvisan.

A finales de septiembre de 1981 es representada la última de las obras en las que trabaja el artista catalán, en este caso se trata de L’ucello Luce. Este trabajo es un ballet con música de Sylvano Bussot y un guión de Jacques Dupin, poeta, crítico de arte y biógrafo de Miró.

Este ballet está dividido en tres partes, cada una de ellas referida a una parte de la vida del artista. Propone una mirada poética y simbólica a la obra de Miró expresada a través de la danza.

La pasión de Miró por la escena es uno de los aspectos menos conocidos de su trabajo, aunque no menos interesante que otras vías artísticas que exploró el artista a lo largo de su fecunda trayectoria.