Eugenio Granell

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Obra

Hablar de la obra de Eugenio Granell supone hablar de un largo viaje en el que el artista español fue dejando su impronta en todos aquellos lugares que vivió. Muy joven tuvo que marcharse al exilio, primero a París y más tarde al continente americano. En todas aquellas ciudades que residió Granell participó de forma activa en la vida cultural de las mismas, de diferentes formas, pero siempre con un poso común, el surrealismo, Corriente artística  a la que se unió desde muy joven y de la que fue abanderado durante toda su vida.


Huir de España supuso para Granell conocer un mundo nuevo, con costumbres e ideologías diferentes. El 23 de febrero de 1940 llegó a la República Dominicana, concretamente a Ciudad Trujillo, lugar repleto de posibilidades para aquellos europeos exiliados, a quienes se les dio libertad para involucrarse y mezclarse con el entorno y sus gentes. Para una persona del talante y capacidad de trabajo como Eugenio Granell este panorama y libertad de actuación supuso una puerta abierta a la creación y participación en la vida cultural. Tanto es así que en ese mismo año se formó la Orquesta Sinfónica Nacional Dominicana y un año más tarde se creó la Escuela Nacional de Bellas Artes.
Eugenio conoció durante esta época a Breton gracias a una entrevista que tuvo que realizar al artista para la publicación La Nación. Breton, también exiliado, lamentó la situación en la que se encontraban la mayoría de los artistas. Como no podía ser de otra manera hizo referencia al surrealismo, recalcando en primer término su lucha frente a la opresión, aunque de la misma manera auguró nuevos horizontes para este movimiento en tierras dominicanas.



A partir de este momento se forjó una estrecha amistad entre ambos artistas, relación que se materializó en charlas en cafeterías que compartían con otros artistas, también exiliados, y seguidores del movimiento. Tanto fue así, que Breton, Lasm y Granell realizaron una serie de dibujos titulada Cadáveres exquisitos. Según el propio Granell, conocer a Breton resultó ser “un potente estímulo y un punto de nflexión en su vida”.



A partir de éste momento se inicia en la trayectoria artística de Granell una etapa nueva. Ejemplo de su obra en estos años son Descanso de las nubes en la que muestra su fijación con la metamorfosis, o La labores del campo, en la que una mujer se sitúa en el centro del lienzo y  sacude una manta sobre la que levita una silla. Este detalle se repite en la obra Cadáver exquisito.



Con su primera exposición celebrada en 1943 en la Galería Nacional de Bellas Artes de Ciudad Trujillo, su propósito era el de sorprender, y lo consiguió. Este evento fue considerado como un "acontecimiento escandaloso". Si a su llegada los artistas exiliados sentían plena libertad de expresión y creación, esta situación variará en los años sucesivos. El régimen de Trujillo, implantado en el país dominicano,  recrudeció sus medidas y estrechó la libertad de expresión.
En este ambiente, Granell inició otro de sus proyectos en forma de revista literaria, La poesía sorprendida. Se trataba de un medio de comunicación con decidida orientación internacional en el que tenían cabida artículos de opinión sobre poesía y prosa, reseñas de exposiciones artísticas. Era un medio que abogaba por la libertad frente a la opresión.
A pesar de que las leyes eran cada vez más estrictas el surrealismo se definía para estos artistas como su mejor arma facilitándoles el contacto con el mundo exterior. Según Baeza Flores, uno de los fundadores de la revista, “el grupo de La poesía sorprendida adoptó el surrealismo a fondo y con todas sus consecuencias”.
La estrecha relación de Granell con el surrealismo se observa en una entrevista que le realizaron a finales del año 1943 cuando se refiere a Breton como el genio surrealista capaz de aglutinar en torno al surrealismo al resto de artistas exiliados. Su admiración y complicidad quedan patentes en estas declaraciones del artista. Así, sus obras están impregnadas de este surrealismo. Por ejemplo, en la obra Autorretrato fechada en 1944, Granell realiza una serie de guiños al simbolismo surrealista, como el reloj de arena.


A mediados de la década de los cuarenta pudo realizar su segunda exposición en la misma galería, el grueso de su obra estaba definido por acuarelas, pinturas y dibujos. Siguiendo en su línea de no dejar indiferente al espectador, Granell elaboró un autorretrato impactante. En sus obras había bodegones, retratos, figuras femeninas y mitología.




Una característica propia de las obras de Granell es dejar espacios vacíos. Es el ambiente que perfila para sus figuras amorfas que retorciéndose transmiten melancolía y pesar. Esto se plasma muy claramente en obras como Figuras jugando o Figuras jugando con estrellas. Cuerpos en posturas diversas, rítmicos, que parecen bailar al son de la música. Figuras flexibles que se contornean bajo una aureola de desolación.




La necesidad de libertad creativa de Granell iba en aumento a medida que la represión política en Ciudad Trujillo era mayor. Consciente de  que la situación era cada vez más peligrosa, el surrealismo supuso la puerta al exterior, un acceso a la libertad anhelada y a ese mundo de libre expresión. El exilio es un lugar impuesto, es el resultado de una huida con sus tremendas consecuencias: la tristeza y la melancolía. Así, el surrealismo concedió a Eugenio Granell “raíces y alas”.


Las esculturas


Enmarcadas en este contexto surrealista encontramos sus esculturas. Obras que nos adentran en un mundo en el que realidad e imaginación se entremezclan. Las formas que moldea tienen estructuras típicas del mundo antiguo como son los ídolos, estelas o totems. Están realizadas sobre madera con un llamativo cromatismo, además emplea para su elaboración objetos reciclados. Algunas de sus esculturas reposan sobre un pequeño pedestal y se erigen a modo de vistosas columnas.


 


 


 


Incorpora también en su elaboración elementos y características propias de figuras rituales de las familias de caciques indios de la zona de Centroamérica. Nuevamente Granell incluye en su obras elementos propios del entorno en el que vive. Adquiere las posibilidades que cada entorno le proporciona y las incluye de forma personalizada en sus trabajos.



La adquisición de elementos de su entorno sumado al uso de objetos reciclados y a un vistoso colorido en rojos y amarillos da como resultado obras de gran impacto visual sobre el espectador. 



Su temática oscila desde figuras que representan a la figura femenina hasta guiños a las culturas del África occidental. Por supuesto no podía faltar el tema de la mitología, con el que une el mundo terrenal con el mundo mítico.



 


La presencia femenina
Dentro de la obra de Granell es reseñable la presencia, desde sus inicios, de la figura femenina. Eugenio adoptó las formas propias de la tradición surrealista, una idea romántica de la mujer, que evolucionarían hacia una idea de mujer autónoma y libre. Sus obras con presencia femenina componen una importante parte de su trabajo. Esta presencia estará vinculada a vivencias personales. En 1945 con el fin de la Segunda Guerra Mundial, Granell realiza una serie de pinturas dedicadas a Europa, plasmando aquellas situaciones por las que se había visto obligado a abandonar su país. De esta época son Europa despedazada o El descanso de Europa. Para entender ambas obras debe prestarse atención al lenguaje mitológico.



En Europa despedazada, no sólo resulta expresivo el título sino que la presencia del cuerpo de una mujer que yace en una playa en la que un toro emerge del agua lo es aún más. Hace referencia a Zeus, quien quedó prendado de Europa. Se convirtió en toro y un día que ésta jugaba en una pradera se acercó a ella y cuando la joven quisó montarse en su lomo el toro salió corriendo directo al mar. En estas obras entremezcla experiencias vividas en un contexto mitológico de alto contenido simbólico.


El exilio como tal supone la ida del país, en el caso de Granell, del continente, pero es un proceso personal que se compone de diferentes vivencias, como el paso del Átlántico en barco o las penurias que en el mismo padecieron. Granell crea El jardín de la sirena, un cuadro en el que quedan plasmado su viaje en barco hasta la República Dominicana. Elige, para este cuadro, la figura de la sirena que representa los peligros que acechan a quienes navegan, como fue su caso.



El barco en el que viajó Granell y en el que conoció a su mujer se llamaba La Salle.  Este barco cuando realizaba el viaje de retorno fue alcanzado por un torpedo alemán, muriendo todo el pasaje. Esta situación le llevó a crear El jardín de las sirenas en 1989, una obra de gran simbolismo. De nuevo la figura de la sirena chapotea en un mar rojo, detalle que evoca el hundimiento y la tragedia de La Salle.



La figura de Amparo Segarra fue vital tanto a nivel personal como profesional. Granell y Segarra coincidieron en el tren que les llevaba de París a Burdeos, en aquel instante comenzó lo que con el tiempo se consolidaría como una verdadera historia de amor. Definida por Breton como “la mujer que le correspondía”, Amparo pasó a ser una figura clave en las composiciones del artista gallego, tanto en su trayectoria artística como literaria. Así, su encuentro con Amparo y los abatares que les deparó la vida quedan reflejados en una obra titulada Lo que sucedió… En este relato los personajes son Carlos y Damiana. Antes las adversidades que les depara su país, España, emprenden la huida. Granell muestra detalles propios de su vida y de su relación con Amparo.



El cuerpo femenino ha dado a Granell otras posibilidades artísticas: la vegetalización del cuerpo femenino, ligada al principio de metamorfosis una de las líneas que siguió el surrealismo: asociaciones entre la figura femenina y la luna. Para esta idea realiza una serie de estatuas. Cabe mencionar también la escultura Isis doblando el arco de oro. En ésta representa a Isis diosa egipcia, que a su muerte la nombraron madre de todas las cosas y diosa universal, divinidad de apariencias múltiples representaba a la luna.



Como se puede observar la figura femenina está muy presente en la obra de Granell, pero habría explicar cuán era la imagen de las mujeres para los surrealistas. Según Lucía García de Capri “…la mujer de los surrealistas es fértil tan sólo en cuanto que musa, en cuanto que propicia y estimula la inspiración del varón, pero no como dadora de vida. Los surrealistas buscaron a la amante e ignoraron a la mujer como madre de sus hijos; consecuentemente, apenas si existen referencias a la maternidad en su poesía y pintura…”  Granell actúa como un surrealista nato dado que las referencias a la familia y maternidad no abundan en su obra. Pero esta visión evolucionaría a un esteriotipo menos idealizado e infantil a lo largo de la década de los años setenta.
Durante los años ochenta Granelle elaboró un repertorio de esculturas y objetos entre los cuales hallamos a diversos personajes históricos. Hatsepsut o la Reina Católica, entre otras, conforman el inventario de esculturas para estos años.



Eugenio no manipula los objetos sino que cambia su contexto para poder darles otro significado bien distinto. Sus personajes abarcan diferentes etapas históricas y todas ellas han jugado un papel interesante. Esta preponderancia de la figura femenina en sus obras fue variando hasta alcanzar un cambio de perspectiva en el que Granell “determinó un juego más complejo entre ambos sexos”. Esto tendrá lugar a partir de mediados de los años sesenta.
Granell plasmó en sus obras encuentros importantes que se habían dado a lo largo de su vida. Así en Memoria de un encuentro (1955) alude claramente a su vital encuentro con Amparo. Tres figuras componen el lienzo: un caballero que se apoya sobre su lanza, una mujer cuya cara está tapada por unas vendas y un lienzo. La mujer parece ser el nexo entre el hombre y la pintura, evidenciándose así la relación que entre ellos surge. El caballero podría indentificarse con un soldado combatiente, Granell, en la guerra de su país, España, que con el exilio se convertirá en un gran pintor.


Memoria de un encuentro, 1955


En una época posterior, Granell propone personajes cuyo sexo es difícil de diferenciar, elementos como vestimentas similares o la misma altura para ambos sexos. Presenta a las figuras con miembros desproporcionados y pequeñas cabezas, emitiendo un mensaje de desconcierto.
Granell muestra la figura de una mujer que ya no entendida como musa sino que es tratada de igual a igual. Una mujer libre y autónoma muy diferente a las figuras, en su trayectoria se observa como el artista concibe a la mujer como una figura sin voz a lo largo de la historia, y que de forma progresiva va adquiriendo autonomía hasta luchar por la igualdad en nuestros días. Y esto, nuevamente, queda plasmado tanto en su obra pictórica, El sello del silencio (1975), como en la literaria con su ensayo La mujer voladora.