Jean-Luc Godard

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Godard en sus películas...

Toda su filmografía es un fiel reflejo de sus postulados como integrante de la “nueva ola francesa”. Así, Godard se muestra como un director de la Nouvelle Vague en estado puro, pese al cambio inevitable que conlleva el paso del tiempo. Su postura intransigente que lo diferenciaba del resto, su creatividad, su virtud para provocar al público y suscitar posturas opuestas, admiradores y detractores, y su gran capacidad para transmitir, han hecho de él un creador de merecidísimo prestigio. Un genio del séptimo arte que descubre la frontera entre la admiración y el desprecio.

Sus trabajos son reflejo de una forma anárquica de crear, los temas escogidos, nunca de forma fortuita, son la imagen cinematográfica de sus pensamientos políticos e incluso de su manera de entender la vida. Se dice de Godard que pese haber seguido, en sus inicios, los pasos establecidos por el cine norteamericano su constante crítica personal provocó un alejamiento de los mismos, ejemplo de ésto lo será Comptent de 1963 tachado como un deliberado intento de burlarse de los filmes de gran presupuesto. Su simpatía por las tendencias políticas de izquierdas, explicaría de alguna manera, su inclusión en la Nouvelle, definiéndole como un hombre que no comulga con lo establecido. Era un hombre muy atrevido en la manera de filmar, lo hacía cámara en mano, recurría al documental, saltaba de un plano a otro y se valía de su inventiva y capacidad resolutiva para abordar las cuestiones que a medida que le surgían debía afrontar.

Fue criticado en multitud de ocasiones por los más convencionales, quienes afirmaban que Godard no sabía hacer películas. Pero haciendo caso omiso a estas críticas Jean-Luc hacía películas a su estilo. El hecho de no ceñirse a lo convencional y de resultar un tanto radical en sus opiniones políticas lo hacían diferente. Su carácter crítico le hizo ser en ocasiones incomprendido, en ocasiones admirado. Provocador nato y cineasta concienciado con su entorno, supo plasmar su particular visión del mundo.
Trabaja rápido y de forma eficaz, con los mínimos medios consigue realizar películas llenas de contenido, bien sea sobre la mujer o sobre la revolución del 68 con la consecuente crítica al maoísmo terrorista como en La Chinoise de 1967. Sus filmes son testigos históricos de la sociedad en la que vive, de las circunstancias políticas que acontecen y de su propia visión en cierto modo “rebelde e inconformista”. El cine se muestra ante sus ojos como un medio de expresión.

1968 marcó un antes y un después en su forma pensar y, por ende, en sus creaciones, como él mismo afirmó: “En aquellos días de mayo es cuando mejor comprendí dónde debía conducirme mi revuelta espontánea que poco a poco me había puesto fuera del sistema. Era una revuelta individual, y ahora he comprendido que debo unirme a los grandes movimientos sociales.” Se inicia así lo que se ha denominado “su nueva revisión de posiciones”, que lo sitúa una vez más en el camino contrario, renuncia a todo el éxito que le proporcionaría involucrarse en el sistema comercial para seguir adelante con su propia trayectoria, “lógica evolución de su actitud”. Realizará películas que le gusten a él sin importarle la comercialidad del resultado.

 

Su forma de trabajo, se define por el gusto por las fichas técnicas elaboradas, por las dedicatorias y por los colores como el azul, blanco y rojo, así como por una temática similar, en algunos casos idéntica, pero tratada según el momento y la ocasión. Todos estos elementos hacen de puente, de denominador común a lo largo de toda su carrera como director de cine, dotando a sus obras de un carácter personal “muy Godard”.

Si tuviéramos que estructurar su trabajo deberíamos reconocer cuáles han sido las diferentes etapas, reconociendo su evolución temática, técnica, etc. Cabe distinguir siete fases. La primera, entre 1950 y 1958, de aprendizaje en la que su trabajo se centra en la elaboración de artículos, guiones, montaje y dirección de cinco cortos como Opération béton, que se reconoce como la primera de sus obras.

Durante, aproximadamente, dos o tres años fue agregado de prensa en la Fox, donde realiza panfletos propagandísticos sobre las películas, compaginándolo con el montaje de documentales para Pierre Braungberger. La segunda etapa abarca desde 1959 a 1966, y comprende uno de los períodos más interesantes de su trayectoria por lo polémicos que resultan sus filmes, entre ellos Ábout de souffle, Le petit soldat o Masculin-Feminine. En esta fase cuenta con el apoyo de Anna Karina y Raoul Coutard, entre otros.

1967 definirá una tercera etapa con la realización de filmes tan controvertidos como La chinoise o Week-End. La cuarta abarca desde 1968 y 1972, trabaja junto a asociados de diferentes países y característicos de éste periodo son los filmes British Sounds, One plus One o Tout va bien. Entre 1974 y 1979, desarrolla su quinta etapa, conocida como “años de laboratorio” en la que los resultados son Ici et ailleurs o Coment ça va. Durante el sexto periodo el director realiza una andadura en solitario consiguiendo que las películas realizadas en esta etapa se difuminen con las de la siguiente, acotada por los años 1987 y 1994, de la que son representativos filmes como Allemagne 90, Historie (s) du Cinéma y Nouvelle Vague. Jean-Luc Godard es quizás uno de los más controvertidos directores franceses de los últimos tiempos. Abordando todos los géneros, crea un cine en permanente mutación, revelador de las realidades políticas, económicas y morales.
Histoire(s) du cinéma (1998) supuso uno de los proyectos más ambiciosos del cineasta francés. En una serie de ocho episodios realizados a lo largo de diez años (1988-1998) Godard nos muestra un relato sobre el cine y la historia, utilizando para ello la técnica del collage, con fragmentos de otras películas, textos, citas, fotografías, músicas, sonidos, y lecturas a cargo del propio director y de actores franceses como Juliette Binoche, Alain Cuny o Julie Delpy.

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