Carl Theodor Dreyer

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Biografía

Carl Theodor Dreyer nace en  Copenhague el 2 de febrero de 1889. De padre danés y madre sueca, queda huérfano muy pronto y es recogido por una familia que no le quiere. Su infancia infeliz marcará su actitud vital y su obra. Será una persona solitaria, tanto en la vida como en su arte, y un gran rebelde. A los 16 años abandona su hogar y comienza a ganarse la vida en diversos empleos. De manera autodidacta, comienza estudios universitarios de historia y arte, y se dedica al periodismo trabajando para diferentes diarios. Es así como, en 1912 entra en contacto con la mayor productora cinematográfica danesa, Nordisk Films, para la que realiza rótulos de películas. Comienza a arreglar argumentos, recomendar novelas para adaptar y abandona el periodismo por una nueva profesión que resulta más rentable. Aprende montaje y pronto se convierte en un verdadero cineasta.

En 1919 dirige su primera película, El presidente, donde establece los rasgos esenciales que definirán toda su obra: importancia de los decorados, abundancia de primeros planos, rigurosidad en la labor interpretativa, importancia de los gestos, gran sentido de la composición y un montaje extraordinariamente preciso.

Pronto comienza su primer gran film, Páginas del libro de Satán, inspirado en Intolerancia de Griffith que tanto influyó en el cine nórdico, germano y ruso. En esta película Dreyer aborda los grandes temas de tipo religioso y humano, de tradición medieval, dentro de la línea en la que se moverá todo el cine nórdico hasta Bergman. Dreyer se presenta como un director complejo, que aborda los temas medulares de la religión desde una perspectiva cristiana, con un espíritu muy crítico.

El cine danés cae en declive y Dreyer viaja a Suecia para realizar La viuda del pastor (Prästänkan, 1920), como de costumbre, una película ambientada en la Edad Media. En este film otorga una importancia fundamental al rostro humano que jamás abandonará, y que posteriormente heredará Bergman. A través de un detallado estudio del rostro el director expresa lo inexpresable del hombre, mostrando su preferencia por los rostros ancianos pero verdaderos, sin maquillajes. Este recurso lo dominará con Érase una vez..., donde los actores son auténticos habitantes del gueto berlinés.

Dreyer viaja a Francia en 1927. Una productora francesa, la Société Generale de Films, le encarga una película sobre una de las figuras históricas femeninas: Catalina de Médicis, María Antonieta y Juana de Arco. Dreyer elige a esta última, concentrando la historia al capítulo del proceso de Ruán en 1431. A pesar de que el film fue la obra maestra de su carrera, a Dreyer le supuso una tremenda inseguridad tanto a nivel personal como profesional para el resto de su vida. La película resultó un fracaso comercial.

Tres años después realiza Vampyr o La extraña aventura de David Gray (1930-31), donde combina leyendas nórdicas e inglesas. Vuelve a contar con la fotografía de Rudolf Maté, con quien ya trabajó en La pasión de Juana de Arco, y que consigue crear un clima fantasmagórico. Esta película fue otro fracaso comercial que le llevó a Dreyer a estar once años sin hacer otro film.

Vuelve a su país deprimido y agotado, y se dedica de nuevo al periodismo, a hacer críticas de cine y crónicas judiciales. En esa época escribe un libro que no se publicará hasta 1943, Sobre el estilo del film.

Tras una etapa plagada de proyectos inacabados, Dreyer realiza en Dinamarca otra gran obra, Dies Irae (Vredens dag), en 1943, una historia misteriosa situada en el siglo XVII donde aborda el tema de la brujería y la religión en un mundo que camina hacia la ciencia y la razón.

Al año siguiente consigue cumplir un viejo deseo, que es dirigir una película con tan solo dos personajes. La tituló Dos seres, y fue otro auténtico fracaso.

Realiza una serie de cortometrajes para el Estado, entre los que destaca De naede faergen (1948), sobre la  prevención de accidentes en carretera, tratado de manera sobrenatural.

Sueña desde hace tiempo con hacer una película sobre la vida de Cristo en Palestina y con actores judíos, pero no llega a realizarla. En 1955 realiza La palabra (Ordet), una adaptación de la obra del pastor luterano danés Kaj Munk, donde una familia de granjeros con diferentes grados de fe se reconcilian con sus vecinos gracias a un milagro. Esta película obtuvo el León de Oro en el festival de Venecia de 1955, donde se le rinde un gran homenaje al director. Su último film será Gertrud (1965), un gran retrato de la figura femenina. Muere en su ciudad natal, Copenhague, el 20 de marzo de 1968.

Carl Theodor Dreyer es uno de esos grandes cineastas que actúa indirectamente a través de sus seguidores y públicos minoritarios. Fue un gran artesano del cine, que lo realizaba todo con minuciosidad y pasión: escribe sus propios guiones, se encarga de los decorados, crea el ambiente propicio, elige cuidadosamente a los actores, los dirige para que actúen con naturalidad, estudia la iluminación de las escenas y hace el montaje. Sus maestros son Griffith y Eisenstein, así como los grandes maestros del cine nórdico, Sjöström y Stiller.

Se trata del gran dramaturgo de la angustia humana que más ha influenciado sobre todo el arte cinematográfico moderno.