ARTIUM (2002-2012): Memoria gráfica y documental

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Praxis: Jacobo Castellano. El mantel y el telón

14/06/2010 > 05/09/2010 (Sala Sur)

Artista:  Jacobo Castellano

[Consultar documentación]

 

En esta ocasión el artista invitado es Jacobo Castellano, que se embarca en un llamado El mantel y el telón, que desde un primer momento se genera en el propio espacio expositivo y en el que componentes como lo relacional, lo procesual y lo improvisatorio son fundamentales.

Al comienzo del proyecto una escultura da la bienvenida al público. Se trata de una placa conmemorativa sin ningún tipo de inscripción y cubierta con una cortinilla. No hay nada que inaugurar.

A partir de aquí, el punto de partida es el envío de una serie de dibujos mediante correo electrónico y fax a diez personas, las cuales pueden a su vez reenviarlos hasta formar una cadena indefinida de participantes. Éstos deberán reenviar al museo cualquier documentación que les sugiera la información recibida, bien a modo de ideas, nuevos dibujos, esquemas o comentarios de cualquier tipo. Los faxes/emails se recibirán de manera continuada en la propia sala de exposición mientras dure todo el proyecto, y se utilizarán como una de las herramientas clave de las obras que se realizarán, ya sea como medio físico o como puramente documental. El público entra en la sala durante todo el proceso y además de ser testigo de las variantes a tiempo real, tiene el poder de modificar la obra a partir de un simple envío. Cualquier documento recibido puede cambiar el curso de ejecución de la obra en una dirección inesperada…

Jacobo Castellano (Jaén 1976) lleva tiempo abordando temas como la memoria y el espacio habitable como lugar de conflicto. Para este proyecto toma como punto de partida una experiencia vivida en Nueva York, que será el motivo de inspiración de la documentación enviada por fax y que dará origen al proyecto.

Hace aproximadamente un año, Jacobo hizo una visita a Coney Island, una especie de decadente parque de atracciones obsoleto, con una variedad de espectáculos circenses cuyos protagonistas bien podrían formar parte de una película de Tim Burton, por no mencionar alguna de Buñuel.

Entre todas ellas destacaba una caseta cuyo cartel prometía la posibilidad no sólo de contemplar, sino de —incluso— hablar con «la mujer mas pequeña del mundo», por en módico precio de medio dólar. Cuando entra en la sala descubre a Elizabeth sentada delante de una anticuada mesa camilla sobre la que pueden verse documentos que certifican que, efectivamente, se trata de la mujer más pequeña del mundo. Deforme, delgadísima y despeinada. En ese momento, la sensación de degradación y malestar es insuperable. Cuando Jacobo vuelve meses después para fotografiar tal atracción —abramos el abanico de las múltiples lecturas que sugiere esta curiosa acepción— un feriante le comenta que en invierno se llevan el espectáculo a Florida, donde la temperatura es más agradable. Más valdría que estuviese en invierno para poder como excusa citar el dicho: «Hace un frío que se hielan las palabras».

 

Documentación asociada a la exposición

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