La pasión de Juana de Arco

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La película

Rouen, 1431. Comienza el proceso contra Juana, una joven de diecinueve años que afirma ser enviada de Dios para salvar Francia. En la sala del Tribunal se enfrenta a un grupo de teólogos y jueces que la interrogan sobre sus visiones de San Miguel.

Juana rehúsa revelar las promesas que le ha hecho Dios y es trasladada a su celda. Para conseguir la confesión, Nicolás Loyseleur le hace llegar una falsa carta del rey Carlos en la que pide que confíe en Loyseleur. Juana revela entonces que Dios le ha anunciado su liberación tras una gran victoria.

Tras ser objeto de las burlas de tres guardianes, Juana es conducida a la cámara de torturas.  

Los jueces sostienen que es el diablo que le hace las revelaciones. La joven se niega a firmar el acta de abjuración y se desvanece. Ante el miedo a que perezca de muerte natural, se le practica una sangría. Juana se siente morir y pide recibir los Sacramentos pero como no consiente en firmar, no se lo conceden. Entonces Juana acusa a los jueces de ser enviados del diablo para hacerla sufrir.

Al ser conducida ante el verdugo y ver cerca la muerte, firma el acta, y le es conmutada la pena capital por la de cadena perpetua. En la cárcel, le rapan totalmente la cabeza.

Súbitamente, Juana hace llamar a los jueces y se retracta de su confesión, consciente de su fatal destino. Llamado el viático, Juana se confiesa y comulga. Ante el gentío, Juana es quemada en la hoguera. Mientras su vida se extingue entre las llamas, la multitud que la vitorea es brutalmente reprimida por los soldados ingleses.

 

La vida y muerte de Juana de Arco ha sido un tema muy atractivo para el arte, y hasta  en más de una veintena de ocasiones se ha llevado a la gran pantalla. La mejor reconstrucción de este episodio histórico, que se desarrolla durante la lucha por la corona francesa entre Enrique VI de Inglaterra y Carlos VII de Francia, se ofrece precisamente la versión que Dreyer realizó en 1928.

Carl Theodor Dreyer se va en 1927 a París para realizar, por encargo de una productora francesa, La Pasión de Juana de Arco. Para ello, cuenta con la colaboración de un historiador que había estudiado las actas originales del proceso de Juana de Arco.

La diferencia de las versiones anteriores respecto a la de Dreyer es que se centra en el juicio y en su posterior muerte: concentra el largo proceso que sufrió la joven en Ruán durante cinco meses (del 9 de enero al 30 de mayo de 1431) en un solo día y en tan sólo en 4 espacios, la sala tribunal, la celda, el cementerio y la plaza pública.

Dreyer cuenta con la extraordinaria fotografía del húngaro Rudolf Maté, con quien volverá a trabajar tres años después en Vampyr o La extraña aventura de David Gray. Gracias a la sensibilidad de este maestro de la fotografía, la película se compone casi íntegramente de duras secuencias formadas por primeros planos, que adquieren en la pantalla un gran aumento, repletas de dramatismo. Montaje rítmico en la alternancia de fotogramas de los jueces y de Juana, para crear tensión. Es un constante juego de miradas que busca los grandes valores del espíritu humano a través de los rostros de los personajes. Para destacar la expresividad de los actores, Dreyer utiliza un tipo de película pancromática que, sin necesidad de maquillaje, potencia las rugosas epidermis y las muecas de los jueces frente al rostro puro de la joven. Utiliza un montaje rítmico que aumenta la tensión y agudiza el juego dramático, mediante planos picados para Juana y contrapicados para los jueces, como recurso expresivo para mostrar el sufrimiento y la angustia de la protagonista, que está por debajo porque es juzgada, y entablando una comunicación directa con el público.

Utiliza los movimientos de la cámara en combinaciones de largos travellings y panorámicas para realizar un montaje narrativo.

Para no desviar la atención hacia los personajes, Dreyer apuesta por la simplicidad escenográfica, con un predominio de superficies blancas y negras, evitando excesos decorativos y rodando casi exclusivamente en interiores.

 

Busca el realismo en los actores. Utiliza la metáfora para relacionar la esperanza con la juventud y la belleza, no solo externa, sino también espiritual. y expresa la injusticia y la cerrazón a través de lo antiguo y la fealdad de los jueces.

A Dreyer le importa el impacto del mundo espiritual, interior, sobre el mundo real y visible del exterior, manifestar el poder de la realidad que está dentro del alma.

"El artista debe describir la vida interior, no la exterior. La facultad de abstraer es esencial a toda creación artística. La abstracción permite al realizador franquear los obstáculos que el naturalismo le impone. Permite a sus films ser no solamente visuales, sino espirituales".

"He intentado ser imparcial cuanto me ha sido posible. Es verdad que los sacerdotes condenaron a Juana de Arco a la hoguera, pero no lo hicieron por maldad o crueldad. Ellos no hicieron más que reflejar los prejuicios y las ideas religiosas de su tiempo". Carl Theodor Dreyer.

La pasión de Juana de Arco es una obra maestra del cine mudo que, sin embargo, como la mayoría de sus películas, resultó un fracaso comercial.