La pasión de Juana de Arco

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Juana de Arco: su historia

Juana de Arco nació el 6 de enero de 1412 en una pequeña localidad francesa llamada Domrémy, en el seno de una familia campesina acomodada. Su infancia estuvo marcada por la Guerra de los Cien Años.

Cuando tuvo trece años comenzó a oír las voces de San Miguel, y de las santas Catalina y Margarita. Finalmente escucharía la voz de Dios que le encomendaría una difícil misión, la de dirigir al ejército francés para coronar como rey al delfín de Reims y expulsar a los ingleses del país.

En un primer momento el heredero francés, el príncipe Carlos, no la tomó muy en serio, pero después del asedio de Orleáns y su huída a la localidad de Chinon, fue visitado por Juana. Después de ser examinada por varios teólogos, el príncipe decide confiarle el mando de su ejército, con el fin de derrotar a los ingleses. Así, el 8 de mayo de 1429 conseguirá levantar el cerco de Orleáns. Posteriormente, realizó numerosas campañas que resultaron victoriosas que concluirían con la coronación de Carlos VII de Francia el 17 de julio de 1429.

 

 

En este momento, Juana decidió volver a su casa, sin embargo y ante la insistencia para que se quedara volverá al combate. Sin embargo la suerte no estará de su parte, y después del fracaso del ataque contra París en 1429 y el asedio de Compiègne, será capturada por los borgoñeses el 24 de mayo de 1430.

Una vez entregada a los ingleses, Juana fue llevada a Ruán, donde fue juzgada por un tribunal eclesiástico, bajo la acusación de brujería. Tras un proceso de tres meses, fue declarada culpable de herejía y hechicería. En un primer momento, Juan, se retractó de sus afirmaciones, en las que decía oír la voz de Dios, y que le llevaron a ser condenada a cadena perpetua, sin embargo días después negó sus anteriores declaraciones, siendo condenada a morir en la hoguera el 30 de mayo de 1431.

Años más tarde, el papa Calixto III, a instancias del rey Carlos VII, promovió la revisión de proceso. En 1909 será beatificada, y en 1920 el papa canonizó a Juana de Arco en la Catedral de Nôtre Dame, además de convertida en la patrona de Francia.