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La Revolución Rusa en el cine occidental

Curiosamente, pese a ser uno de los principales acontecimientos mundiales del último siglo, no hay demasiadas películas sobre la Revolución Rusa, por lo menos, realizadas fuera del marco de la URSS. Sin embargo, hay algunas destacables, provenientes de Hollywood, y que dan versiones totalmente diferentes de los mismos acontecimientos.

El anticomunismo tradicional de la política y la sociedad americana, hace que, aunque la influencia estética del cine soviético esté muy presente en el de Hollywood, las adaptaciones cinematográficas sobre la gran epopeya de la Revolución rusa de Octubre tardaron en llegar a las pantallas norteamericanas. No era un asunto comercial y podía acarrear problemas. Ya se vería mucho más tarde con la caza de Brujas a comienzo de los años cincuenta y el exilio a Europa de muchos directores de Hollywood tras ser acusados de concomitancia comunista.

A pesar de ello, hay algunas excepciones estadounidenses de indudable calidad cinematográfica, aun siendo de nulo rigor histórico. Ninotchka (Ernst Lubitsch, 1939) es una de las primeras referencias célebres del cine americano a la Revolución rusa, en clave de humor.

Ya en los años veinte, aún en el periodo mudo, Josef von Sternberg rueda La última orden (1928). Se basa en una supuesta historia real sobre un aristócrata ruso arruinado que, al rodar una película sobre un soldado revolucionario que participó en los sucesos de 1917 en Rusia, hace que afloren sus recuerdos del pasado.

Durante la II Guerra Mundial, el gabinete Roosvelt apoyó la producción de películas favorables al estalinismo, ya que era aliado fundamental para terminar con el régimen nazi. En esta línea se encuentran películas como Misión en Moscú, de (Michael Curtiz, 1943) o La estrella del Norte (Lewis Milestone, 1944), ambas cuyo argumento gira en torno a la lucha comunista contra el nazismo como telón de fondo.

No obstante, con la llegada de la Guerra Fría, el rechazo al ideario comunista reflejará en varias películas una visión negativa del ascenso al poder de los bolcheviques. Algunas de ellas tomarán referencia relatos literarios de prestigio, como Doctor Zhivago (1964), dirigida por David Lean, donde una gran historia de amor se enmarca en la Revolución Rusa y cómo los acontecimientos históricos afectan a los protagonistas. La película Rojos (1981), de Warren Beatty, se basa, al igual que Octubre de Eisenstein, en el relato Diez días que conmovieron al mundo, de John Reed, testigo ocular de la Revolución.

Siguiendo, muy posiblemente, esta estela, se realizó, en la década siguiente la superproducción británica Nicolás y Alejandra (1971), que, aún centrándose en los últimos años de vida del zar Nicolás II y su familia, deja en muy mal lugar el despotismo de Lenin y ensalza la figura del moderado Kerensky, jefe del gobierno provisional tras la caída del zar, que encarnaba, en el momento de realización de la película, los valores democráticos de Occidente.

Aunque tangencialmente, la guerra civil posterior a la Revolución de 1917 se trata en la francesa Capitán Conan (Bertrand Tavernier, 1996), ya que combatientes franceses que lucharon en los Balcanes contra los Imperios centrales, son ahora destinados como apoyo a los rusos blancos, partidarios del viejo orden zarista, en su conflicto con los bolcheviques.