Víctor Mira

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Obra

Víctor Mira pintor aragonés de formación autodidacta, considerado genio entre los genios, fue un artista polifacético que supo ahondar en disciplinas tan diferentes como la literatura o la pintura con resultados brillantes. El grueso de su obra abarca un amplio abanico de formatos, desde el lienzo, el cartel, el papel dibujado o el libro, obteniendo con cada uno de ellos un éxito y reconocimiento a nivel nacional e internacional que le acompañarían hasta el final de sus días.

Pisadas en la nieve, 1992.Hilaturas, 1984.

En cuanto a la obra pictórica de Víctor Mira decir que, inspirado en la estética expresionista, se caracteriza por una gran densidad plástica al mismo tiempo que se observa tanto en sus lienzos como en sus dibujos, cerámicas, etc. una presencia constante de motivos e iconos relacionados con la religión y la muerte.

Se han distinguido en sus pinturas diferentes fases, la primera abarcaría desde 1968 hasta el año 1979, su cambiante iconografía oscila entre máquinas sin uso, fetos arrojados del claustro materno, ataúdes volando hacia el espacio, esqueléticos caballos o formas difíciles de reconocer.

Caballos, 1973.Teatros, 1975.

Cabe dividir este amplio periodo en diferentes etapas en las que los colores, forma de trazo y temática difieren de las anteriores. Así, se distinguen hasta mediados de 1971 dibujos de trazo infantil en los que unas figuras delgadas y rectas que representarían al ser humano indefenso, junto con una especie de figuras alargadas que colores diversos sobre los cuales suelen aparecer mariposas, bien posadas en ellos, bien revoloteando alrededor, serían los protagonistas.

A partir de 1972 hasta 1975 hallamos en el obra pictórica de Mira un regocijante bestiario así como, en una fase más avanzada, una fauna pintada con una llamativa exactitud. Desde mediados de 1975 hasta principios de 1977, año en el que culmina su serie Buoesbager, emplea un soporte cuadriculado, colores llamativos, insertando sus figuras, tanto animales como humanas, en un ambiente de notable carácter oriental. La naturaleza vegetal juega en estos años un importante papel, de gran colorido realiza óleos de dimensiones considerables.

 

Buoesbager-piu-de-mono, 1975.

 

La etapa marcada por un expresionismo figurativo, desde fines de los setenta hasta principios de los ochenta, se refleja en sus figuras humanas cuya peculiaridad estriba en el gran tamaño de sus orejas. En estas obras incluye frases como “la continuidad de los padres”, “incendio en el negocio” o “no se lo digas a nadie” impregnando cierto carácter crítico sobre las mismas. El cromatismo se caracteriza por tonalidades oscuras, haciendo de sus cuadros obras discretas enmarcadas en la semipenumbra de la noche la mayoría de ellas. Estas obras conforman el ciclo denominado Interiores catalanes con tomate.

 

Hombre nicotina / Mujer nicotina, 1977.Mirón de noche, 1979.Super mierda, 1978.

Desde mediados de 1979 hasta fines de 1980, Mira realiza cincuenta y un versiones sobre la obra de Paul Klee, La máquina del gorjeo. Se considera así, que la obra pictórica de este pintor queda estructurada en ciclos, en este caso, se ha denominado al conjunto de obras como ciclo La máquina del gorjeo de Paul Klee.

 

El gorjeo es lo más negro del mundo, 1980.La máquina del gorjeo, 1980.

 

A principios de la década de los ochenta Mira realiza una serie de obras en las que arcos, flechas, azagallas y demás elementos propios de una cultura anterior ocupan la parte principal de sus obras. Los colores empleados son oscuros, negros, azules, marrones, etc. Recurre a motivos neolíticos para expresar sus mismas preocupaciones que en etapas anteriores.

La máquina del gorjeo, 1980.Cultura del arco, 1980.Cultura del arco, 1980.

 

Hasta mediados de los ochenta Mira realizó un ciclo titulado Naturalezas muertas, de vivos colores y con un fuerte contenido dramático. La muerte presente hasta en el título de las obras, toma forma de calavera en cuyo interior aparece una cruz, acompañada de otros elementos como cabezas de águilas que transmiten al espectador un sentimiento de frialdad, de desesperación y de agonía. En definitiva, una de las constantes a partir del año 1987 para todas las obras de Mira será la muerte, de la que habla sin ningún tipo de reticencia, sino todo lo contrario. Como el mismo afirma “la muerte no me obsesiona, es una compañera con la que vivo. Como artista yo mismo puedo ser la muerte y no significa nada para mi”. Aborda esta temática de forma natural y constante sobre todo a partir finales de los ochenta hasta inicios del siglo XXI.

España tres veces muerta, 1984.

Sus creaciones siempre marcadas por una aureola de dramatismo y dolor abarcan, como el propio Santiago Catalá afirma la obra de Mira “…abarca varias épocas y temas, varias gamas cromáticas y técnicas, pero en todas hay elementos comunes: el hombre, el destino, el tiempo, la vida, la muerte y el drama del artista”. Así, de esta fase en adelante los motivos religiosos, como cruces y calaveras, serán una constante. Se ha dicho de sus trabajos que van acompañados de una aureola de misticismo y rebeldía. Comprendiendo el grueso de la obra de Víctor Mira como una cadena en la que los eslabones son los diferentes ciclos en los que se agrupan sus trabajos, cabe mencionar que las obras realizadas a principios de los años noventa se reúnen bajo el nombre de ciclo Estilitas, de fuerte componente religioso.

 

Estlitas, 1988.Estilita, 1990.Estilitas, 1991-92.

 

Como afirma Ángela Molina, Víctor Mira “convierte los temas religiosos, en particular la crucifixión, en algo propio”, continua diciendo que Mira plasma “seres estoicos que viven al borde de una columna, los “estilitas”, para buscar refugio y acomodo en un cielo misterioso”. Los colores elegidos a propósito, oscilan entre las gamas de negros, rojos, grises, marrones y azules, siendo este último la tonalidad que indique el lugar o trocito de lienzo en el que existe la salvación, como si de un haz de luz se tratara. En este contexto Mira, artista polifacético por excelencia, realiza una serie de esculturas y dibujos en los que la religión se presenta como el tema central, una vez más.

 

Tormento, 1987.Monserrat, 1989.Pájro solitario, 1989.

 

Desde 1992 hasta el año 2000 será cuando desarrolle su ciclo titulado Antihéroes. Serie que agrupa obras de toda forma y condición, como la pintura, dibujo, cerámica y una obra teatral. Se trata de un tétrico imaginario de visiones, temores, miedos y pesadillas del interior de un ser destrozado y desgarrado como afirma Ulrike Keller Tristchler. El protagonista de sus obras es el antihéroe, un personaje abatido, desengañado que muestra su lado más frío, gélido, como si de un muerto se tratara.

Antihéroes, publicado por Der Kunstraum Ruedi Tobler, 2002.
Detalles del interior del libro.

Urna, 1992.

Y en la primavera de este mismo año Víctor Mira realizará sus primeras obras en cerámica, fue en octubre cuando visitó el taller de la ceramista Mercedes Sebastián Nicolau. En sus primeros pinitos con esta nueva técnica experimentó con el barro, para más a delante pasara a trabajara directamente con la cerámica. Así, en este nuevo ciclo que inició a principios de la década de los noventa se conforma también de obras cerámicas de gran formato. Se trata de cuerpos de arcilla sobre barras de madera, también coloca sobre tablones una superficie de tierra con piezas de barro redondas y trozos de huesos.

 

En esta serie Mira presenta a unas figuras en supuesto estado de descanso cuyo vientre vacío y tapado por un especie red metálica está rodeado de una serie de lámparas, que a modo de mesa de quirófano iluminan el cuerpo yacente, como si fuera a ser analizado. Otros cuerpos descansan sin iluminación alguna, y sus cabezas son capullos marchitos. Las imágenes evocan una especie de capilla ardiente, donde el cuerpo inmóvil, vacío y frío, reposa. En algunas de sus obras plasmó a su propia familia dormida sobre la que dibujó sus propios sueños, éstos interpretados como sueños reveladores de su propio interior.

Antihéroes, 1998.Antihéroe, 1997.Antihéroes, 1998.


En el 2003 fue galardonado en la Feria ARCO con el primer premio de la crítica al mejor artista español por el conjunto de su obra artística. Y encontrándose en el mejor momento de su trayectoria artística, la más dulce reseñaron, su vida se truncó trágicamente. Como Arnau Puig apuntó “hemos de ver las obras de Víctor Mira como la expresión más directa, más sentida de la personalidad del artista, que pasó por este mundo y nos ha dejado sus signos para que adoptemos ante ellos una actitud. […] podemos hallar una conexión visceral con el autor o con su obra y convivir con ella, hacerla nuestra y convertirla en un fragmento más de nuestra existencia”. Su legado tanto a nivel nacional como internacional está gestionado por museos, galerías e instituciones a lo largo de todo el mundo, y su indiscutible papel en el panorama artístico perdurará con él.