Patti Smith

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Obra plástica

La faceta de Patti Smith como artista plástica es quizás es menos conocida que sus trabajos poéticos y musicales. Sin embargo, todas ellas, poesía, música, dibujos y fotografías, se han interrelacionado y se han desarrollado de manera paralela a lo largo de toda su carrera.

La primera vocación creativa de Patti Smith fue la artística. Siendo adolescente conoció el arte de diferentes épocas en sus visitas al Museo de Filadelfia. La falta de dinero hizo que no le fuera posible matricularse en la Facultad de Bellas Artes, sin embargo esto no la detuvo, y se apuntó en una escuela que formaba a profesores de historia del arte. Patti descubrirá gracias a una de sus profesoras, la obra de Amedeo Modigliani, y a partir de entonces se sentirá totalmente identificada con las mujeres que este artista pintaba, figuras con rostros alargados, delgados y pálidos. Comprendió que la belleza podía entenderse desde muy diferentes puntos de vista.

Su llegada a Nueva York fue en la primavera de 1967, Patti quería dejar atrás su vida en New Jersey y tenía la ilusión romántica de convertirse en la amante trágica de algún artista bohemio.

La estancia en Nueva York no fue fácil, en un primer momento se dirigió al apartamento de un amigo, sin embargo, éste había cambiado de dirección, y la casualidad hizo que fuera Robert Mapplethorpe quien le abriese la puerta. Durante sus primeros días en Nueva York no tenía trabajo, ni lugar para vivir. Patti encontró empleo en una librería de la Quinta Avenida, pero todavía no tenía una habitación.

Un tiempo después Patti se encontró de nuevo con Robert Mapplethorpe. Ambos conectaron inmediatamente, y éste le invitó a vivir con él en su piso. Mapplethorpe y Patti hablaban en numerosas ocasiones sobre arte, y fue él quién la convenció para que se dedicara más seriamente a dibujar y crear. A partir de entonces comenzó a dibujar a lápiz en un cuaderno del que no se separaba.

 

Sus primeros años en Nueva York no supusieron un cambio importante en su obra, aunque si le ayudó para ampliar su relación con el mundo artístico de la ciudad. Patti comenzó a hacer dibujos a lápiz, y su idea romántica de ser amante de un artista, se transformó en la necesidad de ser una artista reconocida. Una de sus primeras exposiciones públicas fue la organizada por Andreas Brown, propietario de la librería Gotham Book Mart de Nueva York. Allí exhibió parte de los dibujos que Patti había creado. Será en 1978 cuando realice su primera exposición en la Robert Miller Gallery junto con su amigo el fotógrafo Robert Mapplethorpe.

El dibujo será la base de su trabajo artístico, unos dibujos muy expresivos, esquemáticos, incluso con presencia, en muchos de ellos, de escritura caligráfica, todo ello cargado de gran espiritualidad.

En sus primeros trabajos era frecuente que Patti se inspirara en sus pintores favoritos como Willem De Kooning [+], Pablo Picasso [+]  o Odilon Redon. Así su trabajo After de Kooning (1968) revela la influencia del expresionismo abstracto americano. En otros dibujos de los años setenta, serán frecuentes los homenajes a amigos como Robert Mapplethorpe o a poetas como Rimbaud.

A finales de los setenta Patti Smith comienza a introducir en sus dibujos palabras. El texto se expande y se convierte más en imagen que en palabra, como en su trabajo Peace and noise o en orchid.

Otros dos elementos que estarán presentes en su trabajo posterior serán el sexo y la religión. La relación de Patti con la religión no fue nunca muy clara, así en unas entrevistas declaraba que su padre era ateo y su madre profundamente católica, mientras que en otras afirmaba que sus padres eran testigos de Jehová. Ella misma se declaraba cristiana, católica y testigo de Jehová; y gracias a ello conseguía acercarse a un mayor número de gente.

Así como en su disco Horses se desentendió en parte de la religión más tradicional con su mítica frase: “Jesús murió por lo pecados de alguien, pero no por los míos”, también en su faceta artística quedó claro este desafío. Patti dibujará figuras religiosas, como la de Jesús o la de la Virgen María con un aspecto muy diferente al que la iconografía clásica suele mostrarlos. Esta actitud desafiante ante la religión irá evolucionando a lo largo de los años, sobre todo, a partir del accidente que sufrió en 1978, y que la hizo estar más de un año de rehabilitación. El cambio será notable, tanto en el plano musical y poético, como en el artístico. Sus trabajos mostrarán mayor serenidad, la relación con la religión será más llevadera, y se tornará hacia una espiritualidad individual al margen de la religión oficial.

La presencia de la religión ha perdurado en algunos de sus últimos trabajos, realizados después de los atentados del 11-S en Nueva York, donde se puede apreciar como los aviones están formados por palabras que habían sido tomadas de textos de diferentes religiones.

Además de sus dibujos y pinturas, Patti estuvo interesada desde muy pequeña en el mundo de la fotografía, sin embargo y no será hasta su encuentro con el fotógrafo y amigo Robert Mapplethorpe, a finales de los sesenta, cuando empezó a colaborar con él, como modelo, como amiga y realizando sus propias fotografías.

Será a partir de 1994, y como consecuencia del fallecimiento de su marido, cuando Patti comience a realizar fotos con una land 250 polaroid, una sencilla máquina que no permitía hacer ajustes técnicos. En esos momentos de dolor fue una vía de escape para la artista. La música, la poesía o el dibujo eran para ella procesos largos y complicados, mucho más que tomar una foto. En cambio la Polaroid no le reclamaba un gran esfuerzo, era una forma de crear rápida que no le suponía mucha atención y tiempo.

Ella misma no se considera fotógrafa, sólo le gusta hacer fotos de objetos que tienen algún significado para ella. Así podemos encontrarnos con fotos de objetos de sus escritores favoritos como Rimbaud, la cama donde durmió Virginia Wolf o la tumba de Yeats, u objetos de sus amigos como las zapatillas de Mapplethorpe.

Aunque la mayoría de las fotografías de Patti no incluyen personas, hay algunas pequeñas excepciones. Su familia, sus hijos, su hermana, sus amigos o su marido son objetivo de su cámara.

Su fotografía, siempre en blanco y negro, es evocadora y tiene un cierto aire nostálgico.

Una de sus últimas exposiciones de fotografía ha sido la celebrada en la Fundación Cartier de París en junio de 2008. La muestra con más de doscientas instantáneas recogen momentos captados con su cámara en los diferentes viajes y giras realizados por el mundo.

Patti no se separa de su cámara, y es muy frecuente que en sus viajes, ya sean de trabajo o personales, se dedique a captar todas las imágenes de los sitios que visita. En su reciente visita a Vitoria-Gasteiz para preparar la exposición de ARTIUM la pudimos ver con su cámara en la mano, tomando fotos del museo, de la Catedral Vieja y de algunos rincones del Casco Viejo.