Eduardo Chillida

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Años 50

A partir de 1951 la evolución de la obra de Chillida varía sustancialmente debido posiblemente a diversas causas, como pueden ser la lectura de la poesía romántica alemana, su propia reflexión sobre la escultura y su entorno cultural o su acercamiento a la escultura norteamericana de los años 40 y primeros 50. Así pues, comienza a interesarse, además de por los temas, por los materiales, los aspectos técnicos y lo arcaico y popular.

 

En este contexto y tras su regreso a Hernani en 1950, comienza a trabajar en la fragua de Manuel Illarramendi, donde aprende la tradición artesanal vasca que el artista combina con la experimentación, abandonando sus primeras esculturas figurativas para dedicarse exclusivamente a la abstracción. Nace así, en colaboración con el herrero José Cruz Iturbe, su primera obra abstracta en hierro, Ilarik (Piedra funeraria en euskera), que muestra ya una preocupación que se mantendrá en todo su trabajo: la relación entre la naturaleza y la materia con las raíces. En esta pieza el artista empleará calda y polvo de cuerno de vaca para evitar la oxidación.

 

En esta década emprende también otros proyectos interesantes, como la participación en la realización de las cuatro puertas de hierro forjado para la Basílica de Aránzazu de Oñate con la ayuda de Josetxo García, realizada con restos de material del puerto de Zumaya y unas láminas de Patricio Echevarría. Es su primera obra pública; la primera obra para al disfrute de la comunidad. Creará también la serie Yunques de sueños, tomando como punto de partida la descomposición de las superficies y del volumen.

 

¿Por qué ese interés por la abstracción? Se ha de tener en cuenta que el contexto cultural de esos años 50 así lo favorecía. En esos momentos el expresionismo de la denominada Escuela de Nueva York se encuentra en un momento de gran esplendor y es lo que en el París de los cincuenta conocerá Chillida, que se formará como un escultor eminentemente abstracto y expresionista. A pesar de esto, el artista donostiarra no va a definir su “posición” puesto que, si bien es un escultor abstracto, la figuración nunca abandonará su obra, tal y como se aprecia en la precisión realista con la que dibuja sus propias manos.

 

Fue precisamente el último año de esta década, 1959, el que vio nacer los primeros trabajos de obra gráfica de Chillida, si bien el dibujo era una disciplina con la que trabajaba desde el principio.

Pertenecen a esta década obras como Head of a woman (1952) donde el volumen del pelo es el tema central de la obra, volumen logrado mediante trazos apenas marcados, que tienen que ser interpretados como el volumen del aire, un volumen que difumina los límites de los espacios interior y exterior. Un tema, el del pelo, que se repetirá en obras posteriores como los E-carts (1961) o Articulation I-III (1962).