Los Gamarra van al cine. Películas en la Vitoria de los años 40 y 50

18/10/2007 > 24/02/2008 (Sala Norte)

Comisario: Javier González de Durana


[Consultar documentación]

ARTIUM, Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo, presenta la exposición Los Gamarra van al cine. Películas en la Vitoria de los años 40 y 50, una época dorada para la exhibición de películas en la que la capital alavesa con apenas 50.000 habitantes contaba con siete grandes salas cinematográficas. A partir del legado realizado a ARTIUM por la familia de Jesús Gamarra, un millar de programas de mano de los que por entonces se entregaban en los cines, la muestra hace un recorrido entre sentimental y artístico por algunas de las imágenes grabadas en la memoria de los espectadores en unos años de dictadura y autarquía en los que el séptimo arte significaba posiblemente una de las escasas oportunidades de huir del mundo real y hallar otros mundos imaginables. Carteleras, murales, carteles, programas de mano, fotografías de las estrellas del momento y una pequeña selección de obras de la Colección ARTIUM componen una exposición que dedica un capítulo a los artistas que creaban aquellas imágenes y en especial a José Luis González de Viñaspre, el único ilustrador de carteleras de Vitoria-Gasteiz. Los Gamarra van al cine es una producción de ARTIUM con el patrocinio de El Correo.

Durante los autárquicos y grises años de la posguerra española, una familia vitoriana guiada por el padre, Jesús Gamarra, acudió a los cines de su ciudad con persistente frecuencia. Los Gamarra, como las familias de muchos otros vascos y españoles de entonces, buscaban en las salas de proyección un encuentro temporal con el arte, la belleza y las emociones, al tiempo que un momentáneo escape de la opresiva realidad cotidiana. Los locales de cine eran espacios para el hallazgo de otros mundos imaginables y para la huida del mundo real.

Esta pasión suya por el cine arranca de finales de los años treinta y la frecuencia de asistencia fue elevándose paulatinamente hasta que, a mediados de los años cuarenta, la contemplación de películas alcanzó las dos y tres ocasiones por semana. Esta asiduidad llegó a su clímax en torno a 1950 y se mantuvo hasta la mitad de esa década, para después ir descendiendo paulatinamente hasta reducirse a principios de los sesenta.

Ese desarrollo siguió el de la economía doméstica de una familia media española, desde unos años en los que había que ajustar el salario del pater familiae a las necesidades básicas, con escasa dedicación de dinero al entretenimiento, hasta los primeros momentos de crecimiento económico (Planes de Desarrollo impulsados por el gobierno franquista) durante los años cincuenta, en los que se alivió la presión sobre las economías privadas y se pudo destinar más recursos a la distracción y el ocio. Dicho desarrollo también tuvo que ver con la mejora y expansión de las salas de cine en Vitoria-Gasteiz:

1.en 1945 se renovó el Ideal Cinema (inaugurado en 1925),
2.en 1947 se renovó el Teatro Florida (inaugurado en 1926 como Salón General a partir del Teatro Circo, o La Barraca, inaugurado en 1896),
3.en 1951 se inauguró el Gran Cinema Vesa,
4.en 1955 se abrió el Teatro Amaya y, finalmente,
5.en 1959 fue inaugurado el Cine Samaniego, salas que se unieron a los ya existentes Nuevo Teatro o Teatro Principal (inaugurado en 1918) y Teatro del Príncipe (abierto en 1925).

Jesús Gamarra trabajaba como cajero en la sucursal del Banco Central, en la calle Dato, y durante aquellos años fueron más de 1.000 las películas vistas por él y sus hijos, la mayoría de las que se proyectaron en Vitoria entonces. Como era costumbre, al entrar a las salas de cine los espectadores recibían un programa de mano en el que, por una cara, se mostraba una imagen compuesta en relación a los personajes y/o las acciones de la película que iba a ser contemplada, y la otra cara describía en breves líneas quiénes eran los protagonistas y actores, dónde se proyectaba la película, a partir de qué fecha y los horarios. Además se incluían unas frases que aludían a la trama argumental de la película y predisponían al espectador. Una vez vista la película, estos programas de mano habitualmente terminaban en la papelera.

Sin embargo –esto es lo excepcional–, Jesús Gamarra guardó y conservó los programas de mano de todas las películas que vio. Sus descendientes, a impulsos del amor filial y de la pasión por el cine, preservaron este pequeño tesoro hasta la actualidad. A principios de este año, 2007, en un rasgo de generosidad, donaron ese conjunto de documentos a ARTIUM de Álava.

Basada en este conjunto de imágenes que nos retrotrae a la memoria sentimental, artística y cultural de una época de Vitoria, la Vitoria de nuestros padres, ARTIUM ha elaborado una exposición que recrea la cinematografía contemplada por los vitorianos durante unos tiempos en los que las películas, los carteles y los programas de mano eran el único nexo que la mayoría de la gente tuvo con el arte. Un arte propio del siglo XX, hijo de la industria y destinado a su consumo por las grandes masas, a mitad de camino entre el «gran arte» y el «arte popular», durante una época en la que los vitorianos carecieron de otros medios para llegar a conocer otras artes.

 

Documentación asociada a la exposición

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