La película

Película en cinco actos, se trata de uno de los mejores films de la historia, el mejor, según la lista de Bruselas de 1958. Es una película innovadora en muchos aspectos que, aún en el plano estético, pocas veces ha sido igualada o superada.

La realización de la película conmemoraba el vigésimo aniversario de la revolución de 1905. Este encargo del Partido debía formar parte de una larga lista de relatos conmemorativos de la Revolución.

Pero, valiéndose de su espíritu crítico, se alejó de los planteamientos oficiales, obviando el protagonismo que los bolcheviques deseaban tener en la versión oficial de este levantamiento. En efecto, el protagonismo real del partido en los sucesos de 1905 fue muy limitado.

Ello nos hace recordar que Eisenstein toma como referencia hechos reales pero cambia, añade y quita elementos para dotarlo del significado que pretende darle, transformando totalmente el sentido de lo acaecido. El montaje y los encuadres y el movimiento se convierten así, en vehículo de ideas, en dialéctica.

La película, una de las más famosas de la historia del cine, ha sido tenida en cuenta por casi todos los grandes realizadores de la historia, y las referencias o guiños a esta película no cesan en el cine de las últimas décadas. El acorazado Potemkin influyó en Orson Welles, en su genial Ciudadano Kane (1941) por su manejo de la cámara. Igualmente, está presente en la obra de Chaplin.

En cuanto a guiños más forzados, la escena del carrito en las escaleras de Odessa fue copiada casi literalmente en muchas películas del cine americano, entre las que se pueden citar la de Brian de Palma en Los intocables de Elliot Ness (Brian de Palma, 1987) o El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972).

Los encuadres, derivados de las realizaciones constructivistas rusas, con predominio de las líneas ascendentes, diagonales, que crean sensación dinámica, y las direcciones contrapuestas de las masas (hacia la izquierda, en un fotograma; hacia la derecha en el siguiente) son de gran fuerza plástica y consiguen su objetivo.

Este no es otro que la incorporación del ideario comunista al cine y su asimilación por el pueblo soviético. Tesis, antítesis y síntesis, que es, la necesidad de la Revolución, vista la situación preexistente. Las imágenes se estructuran, así en una confrontación de ideas representadas por imágenes antagónicas, mediante cuyo montaje de atracciones, nos obliga a escoger el camino de la Revolución.

Película de propaganda, es considerada como una de las mejores, ya que conseguimos dar por objetivos los hechos que aquí se narran. En realidad, la armada rusa, aunque no disparó a este acorazado, tuvo que refugiarse en Rumanía y su tripulación amotinada, fue expatriada a Rusia, siendo duramente castigada. En Odessa, tampoco, a día de hoy, se tiene claro si hubo tal matanza, o simples disturbios comunes en la Rusia zarista de la época.

No obstante, tomando ciertos hechos históricos y algunos personajes que sí existieron, realiza un film de un ritmo trepidante, de planos muy cortos, cerrados, abiertos, picados, contrapicados, que posteriormente, llevará a su máxima expresión Orson Wells en Ciudadano Kane. En este derroque de maestría técnica podíamos pensar en la escasa importancia del trabajo de los actores.

Sin embargo, sus papeles, aunque exagerados como correspondía a los estándares del cine mudo y, especialmente, a la composición del público soviético de la época, es también destacable. Los primeros planos mezclados con los planos de masas, crean un efecto que diluye la individualidad del personaje, convirtiéndose en arquetipo.

Entre los actores, figuran algunos que serían conocidos en el panorama local ruso, como Aleksandr Antónov (Grigori Vakunlinchuk, marinero bolchevique), de larga trayectoria posterior, junto a otros que, debido a la particular situación política rusa, tendrán dificultades para desarrollar su carrera posterior.

De ellos, destacar someramente Vladímir Barskij (comandante Golikov) o Grigori Aleksándrov (oficial Giliarovsky) que también había sido colaborador con Eisenstein como cineasta. Por último, Mikhail Gomorov, ya colaboró como asistente de director con el cineasta ruso en La Huelga o Lo viejo y lo nuevo.