El acorazado Potemkin

Ficha técnica

TÍTULO ORIGINAL: Bronenósets Potiomkin

NACIONALIDAD: Unión Soviética

AÑO: 1925

DIRECCIÓN: Sergei M. Eisenstein

AYUDANTES DE DIRECCIÓN: Grigori Alexandrov, Maxim Chtrauj, MIjail Gomorov, Alexandr Levchin, Alexandr Antonov

GUIÓN: Nina Agadjanova-Chutko, Serguéi M. Eisenstein, Nikolai Aseyev, Sergei Tretyakov

OPERADOR: Vladimir Popov

FOTOGRAFÍA: Eduard Tissé

DIRECCIÓN ARTÍSTICA: Vasili Rakhals

MONTAJE: Sergei M. Eisenstein

MÚSICA: Edmund Meisel, Nikolái Krinkov

RÓTULOS: Nikolai Asseiv, Serguei Mijailovich, Tretiakov

PRODUCCIÓN: Jacob Bliokh

PRODUCTORA: Estudio nº1 del Goskino

GÉNERO: Drama

DURACIÓN: 72 min (versión original)

RODAJE: Moscú, Leningrado, Odessa y Sebastopol

ESTRENO: 19 de enero de 1926, en Moscú y Leningrado

INTÉRPRETES: Aleksandr Antónov (Grigori Vakunlinchuk, marinero bolchevique), Vladímir Barskij (comandante Golikov), Grigori Aleksándrov (oficial Giliarovsky), Ivan Bobrov, Mikhail Gomorov, Aleksandr Levshin, Beatrice Vitoldi (madre), Julia Eisenstein
 

Sinopsis

Una película de propaganda, que conmemora el vigésimo aniversario de la Revolución de Octubre, pero que, como otras de Eisenstein, especialmente Octubre, ha conseguido que el relato histórico sea confundido con el literario.

La cinta comienza con la visión de diferentes injusticias en la cubierta y bodegas del acorazado. La tripulación del acorazado Potemkin se niega a comer carne en descomposición. La oficialidad, representante de la aristocracia, tras la queja de la tripulación, niega que esté en mal estado. Algunos miembros no admiten las razones aducidas por los mandos y se rebelan.

Serán castigados pero, en el último momento, hay un motín general y toman el mando. Se dirigen a Odessa, bomardeando la sede del poder militar zarista, donde el pueblo les recibe como a héroes. La llegada de las tropas zaristas, hace que se produzca una matanza entre la población, con la famosa escena de la escalera.

Finalmente, el acorazado toma la decisión de navegar por aguas donde se encuentra con el resto de la armada rusa que tenía órdenes de atacar al barco rebelde. Sin embargo, al grito de ¡hermanos!, los buques pasan a su lado sin disparar. Es el comienzo de la revolución, la toma de conciencia como clase.

Para el desarrollo de este argumento, se divide en cinco actos:

-Hombres y gusanos
-Drama en el Golfo Tendra
-El muerto clama
-La Escalera de Odesa
-Encuentro con la escuadra.

La película

Película en cinco actos, se trata de uno de los mejores films de la historia, el mejor, según la lista de Bruselas de 1958. Es una película innovadora en muchos aspectos que, aún en el plano estético, pocas veces ha sido igualada o superada.

La realización de la película conmemoraba el vigésimo aniversario de la revolución de 1905. Este encargo del Partido debía formar parte de una larga lista de relatos conmemorativos de la Revolución.

Pero, valiéndose de su espíritu crítico, se alejó de los planteamientos oficiales, obviando el protagonismo que los bolcheviques deseaban tener en la versión oficial de este levantamiento. En efecto, el protagonismo real del partido en los sucesos de 1905 fue muy limitado.

Ello nos hace recordar que Eisenstein toma como referencia hechos reales pero cambia, añade y quita elementos para dotarlo del significado que pretende darle, transformando totalmente el sentido de lo acaecido. El montaje y los encuadres y el movimiento se convierten así, en vehículo de ideas, en dialéctica.

La película, una de las más famosas de la historia del cine, ha sido tenida en cuenta por casi todos los grandes realizadores de la historia, y las referencias o guiños a esta película no cesan en el cine de las últimas décadas. El acorazado Potemkin influyó en Orson Welles, en su genial Ciudadano Kane (1941) por su manejo de la cámara. Igualmente, está presente en la obra de Chaplin.

En cuanto a guiños más forzados, la escena del carrito en las escaleras de Odessa fue copiada casi literalmente en muchas películas del cine americano, entre las que se pueden citar la de Brian de Palma en Los intocables de Elliot Ness (Brian de Palma, 1987) o El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972).

Los encuadres, derivados de las realizaciones constructivistas rusas, con predominio de las líneas ascendentes, diagonales, que crean sensación dinámica, y las direcciones contrapuestas de las masas (hacia la izquierda, en un fotograma; hacia la derecha en el siguiente) son de gran fuerza plástica y consiguen su objetivo.

Este no es otro que la incorporación del ideario comunista al cine y su asimilación por el pueblo soviético. Tesis, antítesis y síntesis, que es, la necesidad de la Revolución, vista la situación preexistente. Las imágenes se estructuran, así en una confrontación de ideas representadas por imágenes antagónicas, mediante cuyo montaje de atracciones, nos obliga a escoger el camino de la Revolución.

Película de propaganda, es considerada como una de las mejores, ya que conseguimos dar por objetivos los hechos que aquí se narran. En realidad, la armada rusa, aunque no disparó a este acorazado, tuvo que refugiarse en Rumanía y su tripulación amotinada, fue expatriada a Rusia, siendo duramente castigada. En Odessa, tampoco, a día de hoy, se tiene claro si hubo tal matanza, o simples disturbios comunes en la Rusia zarista de la época.

No obstante, tomando ciertos hechos históricos y algunos personajes que sí existieron, realiza un film de un ritmo trepidante, de planos muy cortos, cerrados, abiertos, picados, contrapicados, que posteriormente, llevará a su máxima expresión Orson Wells en Ciudadano Kane. En este derroque de maestría técnica podíamos pensar en la escasa importancia del trabajo de los actores.

Sin embargo, sus papeles, aunque exagerados como correspondía a los estándares del cine mudo y, especialmente, a la composición del público soviético de la época, es también destacable. Los primeros planos mezclados con los planos de masas, crean un efecto que diluye la individualidad del personaje, convirtiéndose en arquetipo.

Entre los actores, figuran algunos que serían conocidos en el panorama local ruso, como Aleksandr Antónov (Grigori Vakunlinchuk, marinero bolchevique), de larga trayectoria posterior, junto a otros que, debido a la particular situación política rusa, tendrán dificultades para desarrollar su carrera posterior.

De ellos, destacar someramente Vladímir Barskij (comandante Golikov) o Grigori Aleksándrov (oficial Giliarovsky) que también había sido colaborador con Eisenstein como cineasta. Por último, Mikhail Gomorov, ya colaboró como asistente de director con el cineasta ruso en La Huelga o Lo viejo y lo nuevo.

El marco histórico y cultural: del imperio a la URSS

Rusia era un país retrasado respecto a otras potencias europeas, pese a la creciente industrialización y tendido de vías de ferrocarril. La dependencia de capital externo y la inexistencia de un mercado interior fuerte, debido a la extrema pobreza material de la mayoría de la población, hacía a un imperio de apariencia sólida un gigante con los pies de barro.

La aristocracia, algunos burgueses adinerados y la Iglesia Ortodoxa copaban todo el poder y la riqueza. No obstante, la creciente industrialización, crearían nuevas capas sociales de obreros, pequeña burguesía en algunos núcleos urbanos importantes que deseaban, cada uno a su manera, cambiar el sistema, de raigambre aún feudal.

La derrota inesperada de la armada rusa en la guerra con Japón, una potencia en ciernes, en 1905, conmocionó al mundo. Junto a las crisis periódicas de alimentos típicas del Antiguo Régimen, ya prácticamente inexistentes en la Europa occidental en esos años, hizo que diversos colectivos se echasen a la calle para protestar por la falta de pan y las pésimas condiciones de vida, mientras una minoría amasaba las plusvalías de la explotación minera e industrial, que formaba parte de un estado absolutista, donde el respeto a las libertades individuales no existían.

La revolución de 1905 sirvió de precedente a la de 1917. El impacto de la terrible e indiscriminada represión de las tropas zaristas en la plaza del palacio de Invierno al acercarse la población hambrienta para hacer una petición pacífica al Zar, allanó el camino a Lenin y sus colaboradores. Lenin, de hecho, estaba a favor de la guerra revolucionaria, ya que, según él, es la única justa y justificable que hay.

La declaración de guerra a Alemania significó un deterioro de las condiciones de vida de la población, en su gran mayoría campesina. Millones de campesinos rusos fueron enviados al frente como soldados, en una guerra para la que no estaban preparados ni en técnica ni logística y que carecía de sentido para ellos.

El descontento de la mayor parte de la tropa, junto con las huelgas en fábricas de los principales centros industriales como San Petersburgo o Moscú, hacen que en febrero de 1917, el Zar Nicolás II abdique, cuando las sublevaciones se han extendido por toda Rusia y soviets locales se adueñan del poder efectivo del país.

Sin embargo, el nuevo gobierno provisional, presidido por Kerensky, decidió continuar con la guerra, por lo que, en noviembre (octubre en el antiguo calendario ruso), el soviet de Petrogrado toma el control de los puntos vitales de la ciudad) y el gobierno se disuelve. En Moscú también se controla la situación en poco tiempo. De esta manera, los dos principales centros industriales del país están bajo control bolchevique.

Sin embargo, la Gran Guerra continúa y se suceden momentos confusos de revoluciones y contrarrevoluciones en un país desangrado. Las potencias occidentales, que empujaban a Rusia a continuar la guerra, desembarcan tropas en suelo ruso. Los rusos blancos y otras tendencias contrarias al triunfo bolchevique ponen en aprietos al nuevo gobierno de Petrogrado comandado por Lenin.

Se inicia una guerra civil, ocupación de tierras, así como una falta de combustible y materias primas. Pero, sin duda, comenzará una etapa clave para el desarrollo de las vanguardias rusas en todos los campos artísticos, entre ellos, el cine.

La anterior dependencia de las metrópolis europeas, en especial, Francia, principal inversor del estado zarista, abarcaba a todos los sectores productivos, incluido el cine, la fotografía y el escaso mercado artístico existente, y la aristocracia zarista y la burguesía imitaban a las clases altas parisinas.

De ahí se pasa a una situación radicalmente nueva en el lapsus de menos de un lustro, creando un ambiente político propicio para la libre creación. En literatura, poesía, teatro, las artes plásticas, el diseño, queda integrado en un continuum del que también formará parte el cine.

La abolición en el mismo año de 1918 de la Academia de Bellas Artes de San Petersburgo y de Moscú, da paso a la potenciación de las vanguardias, lideradas en ese momento por el Constructivismo, que se convierte en emblema oficial de la modernidad del nuevo orden social y que viaja por Europa al calor de las Exposiciones Universales, en especial, la de París de 1925.

En esta primera etapa, el futurismo y su apología de la máquina jugará un papel fundamental en un momento en que era necesario la reafirmación del ideario comunista. El monumento a la Tercera Internacional (1919) de Tatlin estará en esta línea.

Ya desde los años anteriores a la Revolución se van acumulando distintas sinergias en torno a diversos autores. Se producen novedades en todos los campos expresivos. Cubismo, Futurismo, Constructivismo, Suprematismo, son términos muy unidos a las vanguardias rusas. La dialéctica del choque de imágenes, mediante el collage, el montaje y el maquinismo, su seña de identidad en su esfuerzo por crear un verdadero sistema soviético de representación.

Estas vanguardias rusas, muy diversas, siguen ciertos ideas de las europeas pero bajo los principios socialistas de toma de conciencia marxista. La Revolución de Octubre de 1917 significó una revolución política, social, cultural y artística, aunque muchos de sus autores considerasen el término arte totalmente burgués y, por tanto, algo a evitar. En ello no se apartan demasiado de algunas posturas inmediatamente anteriores a la Gran Guerra en la Europa occidental.

Sin embargo, las tempranas propuestas son absolutamente novedosas. Ya en 1915, Malevich nos presenta su famoso Cuadrado negro. Cuadrado que sustituye la forma triangular que simbolizaba la divinidad. Negro porque es el punto cero de la representación mimética, la ruptura con el sistema de representación anterior a la Revolución. Una cultura nueva para un mundo nuevo.

La novedad, incluso, llega a convertirse en norma, bien vista por las autoridades. Eso no significa que las autoridades no censuran ciertas manifestaciones, como la del documentalista Dziga Vertov y su Cine-Ojo y su deseo quimérico de que la cámara reflejase la realidad mediante el montaje, sin actores ni elementos dramáticos.

Hasta la implantación del Realismo socialista, por ley en 1933, que acabará con todo rastro de experimentación plástica, las vanguardias rusas serán pioneras en muchos campos. Bajo la administración de Anatoli Lunacharsi, Comisario del Pueblo para la Instrucción Pública, se crean una serie de secciones, como el Proletkult, Valerian Pletniov, Vsevolod Meyerhold, El Lissitzky o Alexander Rodchenko.

No obstante, a finales de la década de 1920 se vuelve paulatinamente al realismo, ya que las manifestaciones abstractas eran incomprensibles para el pueblo ruso, en su mayoría analfabeto, por lo que no era posible que a través de ellas se les inculcase el ideario comunista.

En un país de rica tradición literaria, teatral y musical, a pesar de su tradicional pobreza y falta de libertad de expresión desde sus orígenes, las vanguardias rusas brillaron con luz propia durante los felices años veinte, en un contexto político y económico cuando menos complicado.
 

Cine soviético: vanguardia y revolución

A diferencia de las anteriores recreaciones históricas más o menos acertadas, desde el lado soviético, la lectura de los hechos es muy diferente. El cine soviético es, en algunos casos, el que se erige en portador de la verdad histórica de la Revolución, para mostrarla al mundo, siguiendo este carácter internacionalista de la sociedad y la cultura soviéticas de los primeros tiempos.

El cine soviético como tal nace tras la nacionalización del sector en 1919, bajo la gestión del Comisariado del Pueblo para la Instrucción Pública. En 1922, la actividad cinematográfica queda centralizada por Goskino.

Aunque la guerra civil hace que su afianzamiento se retrase un poco, nace para servir a la Revolución, ensalzando, en clave marxista, los hechos acaecidos durante los primeros años de la misma.

Lev Vladimirovich Kuleshov será uno de los iniciadores del cine soviético, con Las extraordinarias aventuras de Mr West en el país de los bolcheviques (1924). Rueda documentales en el frente durante la guerra civil y se le encarga el montaje de viejas películas zaristas para que sirvan a los ideales comunistas. Será propagador de nuevas ideas por su docencia en la Escuela de cine de Moscú.

Junto a un cine más abstracto, como el del documentalista Dziga Vertov, con su Cine Ojo, empleando el montaje y rechazando el uso de cualquier artificio, encontramos, aunque influenciado por éste un cine más pragmático, el de Pudovkin o el de Eisenstein. Ambos firmarán un manifiesto del cine soviético en 1928.

Coincidiendo con el auge de las vanguardias artísticas, el cine se convierte, al igual que las artes plásticas el teatro o la literatura, en vehículo de experimentación. Algo aceptado por las autoridades en los primeros años de la Revolución pero que luego será acusado, al igual que el cubismo, el impresionismo y otras manifestaciones de vanguardia como estilos burgueses y, por tanto, nada aconsejables para la educación del proletariado.

Casi al mismo tiempo que Eisenstein, Vsevolod Pudovkin, discípulo de Kuleshov, firma otro clásico del cine ruso es La madre (1926), otra versión de la revuelta campesina de 1905, también tratada en El acorazado Potemkin pero desde otro ángulo.

A finales de los años veinte, todo este cine experimental de vanguardia desaparece y da paso al llamado Realismo socialista, más acorde con el gusto de Stalin y otros elementos del Partido. Ahora el único tema será la representación de los trabajadores y su toma de conciencia, etc.

Pero en la Unión soviética, a finales de los años setenta empieza a aflorar un cine diferente, que comienza a apartarse de la línea oficial de interpretación de los hechos de la Revolución rusa. Ejemplo de ello es Andrei Konchalovsky, con su Siberiada (1979), en la que dos familias, habitantes de los confines de Siberia, completamente diferentes en situación social y percepción de los cambios, se enteran de la noticia del triunfo de una Revolución en San Petersburgo.

Ya en época postcomunista, Quemado por el sol (1994), de Nikita Michailov refleja la vida de un héroe de la revolución, el comandante Kotov durante el estalinismo. Es, en efecto, esta terrible época la que más ha inspirado a los cineastas eslavos, muy por encima de los acontecimientos inmediatamente anteriores o posteriores a la Revolución de Octubre. Taurus (2001), de Alexandr Sokurov, retrata los últimos momentos de vida del líder de la Revolución, Lenin, desde una perspectiva muy diferente a lo realizado en época soviética, auténticas hagiografías que desgranaban los pormenores de su vida.

Como se puede comprobar, las distintas versiones de los acontecimientos de la Revolución en el cine ruso han estado muy condicionadas por los vaivenes políticos de cada momento histórico.

Por tanto, y como conclusión, debemos admitir, a pesar de la carga propagandística y al carácter oficial de las cintas de Eisenstein, es el letón el que mejor ha reflejado los hechos, a pesar de ciertas incoherencias por exigencias del guión.

La Revolución Rusa en el cine occidental

Curiosamente, pese a ser uno de los principales acontecimientos mundiales del último siglo, no hay demasiadas películas sobre la Revolución Rusa, por lo menos, realizadas fuera del marco de la URSS. Sin embargo, hay algunas destacables, provenientes de Hollywood, y que dan versiones totalmente diferentes de los mismos acontecimientos.

El anticomunismo tradicional de la política y la sociedad americana, hace que, aunque la influencia estética del cine soviético esté muy presente en el de Hollywood, las adaptaciones cinematográficas sobre la gran epopeya de la Revolución rusa de Octubre tardaron en llegar a las pantallas norteamericanas. No era un asunto comercial y podía acarrear problemas. Ya se vería mucho más tarde con la caza de Brujas a comienzo de los años cincuenta y el exilio a Europa de muchos directores de Hollywood tras ser acusados de concomitancia comunista.

A pesar de ello, hay algunas excepciones estadounidenses de indudable calidad cinematográfica, aun siendo de nulo rigor histórico. Ninotchka (Ernst Lubitsch, 1939) es una de las primeras referencias célebres del cine americano a la Revolución rusa, en clave de humor.

Ya en los años veinte, aún en el periodo mudo, Josef von Sternberg rueda La última orden (1928). Se basa en una supuesta historia real sobre un aristócrata ruso arruinado que, al rodar una película sobre un soldado revolucionario que participó en los sucesos de 1917 en Rusia, hace que afloren sus recuerdos del pasado.

Durante la II Guerra Mundial, el gabinete Roosvelt apoyó la producción de películas favorables al estalinismo, ya que era aliado fundamental para terminar con el régimen nazi. En esta línea se encuentran películas como Misión en Moscú, de (Michael Curtiz, 1943) o La estrella del Norte (Lewis Milestone, 1944), ambas cuyo argumento gira en torno a la lucha comunista contra el nazismo como telón de fondo.

No obstante, con la llegada de la Guerra Fría, el rechazo al ideario comunista reflejará en varias películas una visión negativa del ascenso al poder de los bolcheviques. Algunas de ellas tomarán referencia relatos literarios de prestigio, como Doctor Zhivago (1964), dirigida por David Lean, donde una gran historia de amor se enmarca en la Revolución Rusa y cómo los acontecimientos históricos afectan a los protagonistas. La película Rojos (1981), de Warren Beatty, se basa, al igual que Octubre de Eisenstein, en el relato Diez días que conmovieron al mundo, de John Reed, testigo ocular de la Revolución.

Siguiendo, muy posiblemente, esta estela, se realizó, en la década siguiente la superproducción británica Nicolás y Alejandra (1971), que, aún centrándose en los últimos años de vida del zar Nicolás II y su familia, deja en muy mal lugar el despotismo de Lenin y ensalza la figura del moderado Kerensky, jefe del gobierno provisional tras la caída del zar, que encarnaba, en el momento de realización de la película, los valores democráticos de Occidente.

Aunque tangencialmente, la guerra civil posterior a la Revolución de 1917 se trata en la francesa Capitán Conan (Bertrand Tavernier, 1996), ya que combatientes franceses que lucharon en los Balcanes contra los Imperios centrales, son ahora destinados como apoyo a los rusos blancos, partidarios del viejo orden zarista, en su conflicto con los bolcheviques.

Recursos

Recursos en línea

Florit, José. "Lo Viejo y lo Nuevo (La línea general, 1929): Aproximación didáctica" [recurso en línea]. Film-Historia online, Universidad de Barcelona. Dirección URL: <http://www.publicacions.ub.edu/bibliotecadigital/cinema/filmhistoria/Art.JFLORIT.pdf>[Consulta: 09 de junio del 2015].

*Artículo sobre la película Lo viejo y lo nuevo de Eisenstein disponible en la colección digital de cine de la Universidad de Barcelona.

"Sergei Eisenstein: The Art & Science of Cinema" [recurso en línea]. Russian Archives Online. Dirección URL: <http://www.russianarchives.com/gallery/old/eisen.html> [Consulta: 09 de junio del 2015].

*Web rusa en inglés que cuenta con apoyo de la Unesco donde se recogen documentos de la historia rusa más reciente.

"Sergei M. Eisenstein" [recurso en línea]. Internet Movie Database. Dirección URL: <http://www.imdb.com/name/nm0001178/> [Consulta: 09 de junio del 2015].

*Apartado dedicado a Eisenstein en IMD Internet Movie Database, con fichas de sus películas, filmografía y equipos técnicos y artísticos completos.

"Sergei Eisenstein" [recurso en línea]. Film reference. Dirección URL: <http://www.filmreference.com/Directors-Du-Fr/Eisenstein-Sergei.html> [Consulta: 09 de junio del 2015].

*En inglés, podemos encontrar, entre otra información, nutrido bibliografía sobre el director ruso.

Shaw, Dan. "Sergei Eisenstein" [recurso en línea]. Senses of cinema. Dirección URL: <http://sensesofcinema.com/2004/cteq/eisenstein/> [Consulta: 09 de junio del 2015].

*Artículo de Dan Shaw con links y bibliografía sobre Sergei Eisenstein en la publicación digital australiana Senses of Cinema.

"The battleship Potemkin" [recurso en línea]. Wikipedia. Dirección URL: <http://en.wikipedia.org/wiki/The_Battleship_Potemkin> [Consulta: 09 de junio del 2015].

*Artículo en Wikipedia, en inglés, sobre la película Acorazado Potemkin.

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