Obra

TRAYECTORIA ARTÍSTICA

Si algo caracteriza la obra de Antoni Tàpies es el uso que ha realizado de las texturas y materias, lo que proporciona a sus pinturas un singular aspecto de muro, de tapia. Tàpies no busca un análisis formal del aspecto estético de la materia, sino que investiga sus propiedades de transformación, e incluso su aspecto mágico. De esta manera lo esencial de estos muros no es la cualidad estética resultante de las texturas o los matices de la materia, sino que lo que busca el artista es presentar un mundo cambiante, al que el propio artista da forma, aunque ésta siempre es momentánea. Tàpies no trabaja para crear obras estéticas, sino para actuar en el espectador, para comunicarle la realidad que desea trasmitir el artista. En cualquier caso, no desea transmitir una única interpretación, el espectador debe abrir posibilidades personales al asimilar la obra.

Personatges amb el cap girat, 1945. Inicios artísticos

Su afición a la pintura la practica de manera autodidacta. En sus inicios artísticos, Antoni Tàpies realiza dibujos de tipo lineal, en los que se aprecia ya una extraordinaria habilidad. A mediados de los años 40 comienza ya a pintar al óleo y a realizar collages. En estos primeros pasos se observa ya una admirable destreza y originalidad, características poco habituales en un artista durante su periodo de formación. En esta época realiza sobre todo retratos y autorretratos. Comienza a utilizar, todavía tímidamente, materiales densos, que obtiene mezclando pintura al óleo con blanco de España.

En 1946 conoce a Joan Brossa [+] y este hecho va a marcar su trayectoria artística. En estos inicios también conoce a Joan Ponç y Joan Miró, cuyas influencias también van a resultar determinantes en su obra de este periodo. En estos años entra en contacto con otros muchos artistas y se integra en la vida cultural y artística de Barcelona. Aunque recibe numerosas influencias artísticas, su pintura va a ser desde sus inicios completamente personal. Realiza obras de tipo primitivista.

Collage de l’arros i cordes, 1947.Personatges amb el cap girat, 1945.Pintura-relleu, 1945.

En 1948 comienza su andadura dentro del grupo artístico y la revista Dau al Set [+info], grupo que finalmente abandonó hacia 1951 porque Tàpies consideraba que se encaminaba hacia la pintura literaria.

Su primera exposición individual se celebra en 1950, en las Galerías Laietanas de Barcelona. En ese momento su pintura es de una gran diversidad, ya que junto a un magicismo onírico, realiza obras de un realismo minucioso, otras de influencia surrealista, y continua con sus incursiones en el collage y el grattage. Utiliza para ello hilos, papel de periódico, cartón o cuerdas, que se convierten en protagonistas de la obra. Experimenta con los materiales y la técnica.

Autoretrat, 1943. Autoretrat, 1947. Autoretrat, 1944. Autoretrat, 1947.

Personatge amb gats, 1948.Después de sus viajes a Francia, Bélgica y Holanda, en 1951 regresa de nuevo a Barcelona. Aunque no tiene excesivo éxito en las exposiciones de ese momento realizadas en España, en 1953 consigue exponer en Estados Unidos, donde va a empezar a ser difundida su obra. Ya en ese momento Tàpies está iniciando una nueva etapa artística, mucho más personal y más alejada de las influencias y la heterogeneidad anterior. Aunque no renuncia totalmente al magicismo y los motivos simbólicos, ya comienza a usar la pasta pictórica, las huellas, que a veces dominan el cuadro, y los motivos abstractos, estos últimos fruto del conocimiento del Expresionismo Abstracto Norteamericano [+info].

En este periodo ya es evidente que para Tàpies todos los elementos integrantes de una obra son igualmente importantes, no existen componentes neutros. Toda la combinación de materiales y técnicas conducen a la obra. Por otra parte, Tàpies evita la representación del mundo, y prefiere utilizar la metáfora, sirviéndose para ello de imágenes simbólicas y alegóricas. A veces representa un mundo onírico, poblado de personajes grotescos, inquietantes. Toda la obra inicial de Tàpies es fruto de un lento proceso introspectivo, que expresa con intuición el universo interno del artista.

Indagación matérica

Desde mediados de los años 50 se produce una evolución hacia el Informalismo. En torno a 1954 todas las influencias y tendencias anteriores confluyen en las pinturas matéricas, realizando una indagación profunda y una intensa búsqueda de la materialidad de la obra de arte. Las pinturas matéricas son obras de texturas densas, pintadas con una gama de colores restringida básicamente a colores neutros. Son pinturas que dotan de un singular aspecto de muro a la obra. Este elemento del muro se va a hacer recurrente, y va a reforzar la fuerza expresiva de la obra. Además, el muro, la tapia, se identifica con el propio apellido del artista, por lo que va a tener un significado especial para Tàpies. Al tomar este elemento del muro, Antoni Tàpies no pretende sustituir la superficie pictórica por un muro, sino que convierte la propia obra en muro. Los elementos del lienzo forman parte de él en su conjunto. La obra no representa un muro, sino que ella misma es el muro.

Pintura amb creu vermella, 1954.Gran matèria amb papers laterals, 1963. Porta marró, 1959. Porta metàl.lica i violí, 1956.

Tàpies investiga los materiales, los moldea y les asigna una significación personal, tratando el lienzo como si fuera el muro sobre el cual realiza incisiones, surcos, grietas, garabatos, fijando su señal. En las obras introduce arena, yeso, mármol pulverizado, que posibilitan estas técnicas. El tamaño de sus obras aumenta, realizando piezas de grandes dimensiones. Por otra parte, toda la superficie del lienzo cobra el mismo valor, sin preeminencia de unos elementos sobre otros, ni del centro sobre la periferia del cuadro; en muchas ocasiones sitúa elementos en los bordes del lienzo, llamando la atención del espectador.

Terra i pintura, 1956.

Las incisiones, surcos o perforaciones que realiza en el cuadro son huellas del paso del tiempo. Emula este paso del tiempo sobre el lienzo, las marcas que deja el tiempo. Las pinturas, los muros, presentan al mundo en constante evolución al que el artista-artesano dota de forma, aunque ésta sea siempre cambiante. A medida que pasa el tiempo se degrada la materia del muro (como se degrada toda materia), cambia su aspecto, incluso su composición, de manera que el motivo y el lienzo se fusionan, son uno. La materia se mueve y cambia constantemente, un estado contrapuesto a la fragmentación de la sociedad occidental. En este periodo artístico de Tàpies su obra comienza a ser conocida y reconocida dentro y fuera de España, tomando una dirección más homogénea, dentro de la heterogeneidad de técnicas y materiales empleados, con un universo propio expresado mediante un lenguaje singular y maduro.

Nuevos caminos

A finales de los sesenta y principios de los setenta, Tàpies intensifica su trabajo con objetos, y sus obras parecen salirse de los límites del cuadro. Tàpies ya había trabajado intensamente con el mundo objetual desde los años 50, pero ahora
lo hace de manera renovada, coincidiendo con el Arte Povera (se le considera un precursor de este movimiento). Sin embargo, aunque utiliza materiales pobres y efímeros, a diferencia del arte povera, no es la presencia del objeto mismo lo que llama la atención del espectador, sino que los objetos, así como sus pinturas, denotan desde una primera mirada la impronta del artista. Tàpies no muestra los objetos tal y como son, sino que los incorpora a su lenguaje.

Gran paquet de palla, 1969. Fusta plegada i vas, 1970. Quera i diari, 1970.

Aunque el artista presta una especial atención al arte objetual, durante estos años no abandona la actividad pictórica y gráfica, realizando, de 1965 a 1968 obras en las que abunda el cuerpo humano o partes de él. A menudo incluye en estas obras también los objetos cotidianos, domésticos, que son tan familiares y próximos al cuerpo humano.

Entre 1969 y 1972 realiza obras con un marcado cariz social y político, fruto de sus propias inquietudes antifranquistas, y que tienen por tema Cataluña. A principios de los ochenta, Tàpies vuelve a volcar su interés principal en la pintura, aunque sin abandonar su atracción por los objetos, que así como antes aparecían superpuestos en el lienzo, ahora van a situarse detrás del mismo. Su obra tiene características más orientales que en épocas anteriores (aunque el pensamiento oriental va a ser determinante en su trabajo desde sus inicios), y continúa con la reivindicación y espiritualización de lo humilde, la continua transformación de la materia. Sin embargo, en esta década apuesta por formas más abiertas, caóticas y manchadas que en años anteriores, con un mayor expresionismo.

Matèria en forma de peui, 1965.7 de novembre, 1971.

Tanto en la década de los 2000 como en la de los 90, además de la creación de objetos, utiliza barnices (como se aprecia en la exposición La celebració de la mel) para  realizar sus obras, y realiza piezas de tierra chamotada [1]. También realiza gran número de murales a base de lava, y experimenta con el hormigón. El uso de nuevos materiales confiere diferencias importantes al resultado de las obras, transmitiendo las texturas más esenciales de los materiales.

Figura amb parpella, 1989.Jeroglífics, 1985. Peu, 1991.

Prajna=Dyhana, 1993. Cartó amb T negra, 2000.Home anatòmic, 2002.1/2, 2003.

Antoni Tàpies no se anquilosa en un lenguaje artístico ya conocido, sino que busca una renovación constante. Se aventura por nuevas sendas artísticas, aunque manteniendo criterios propios.

Mirada y mà, 2003. Técnica mixta sobre madera. 65 x 81 cm.

TÀPIES A TRAVÉS DE ALGUNAS DE SUS EXPOSICIONES.

Vamos a repasar algunas de las exposiciones más representativas de la trayectoria artística de Tàpies que pueden ayudar a comprender y valorar mejor su obra.

Tàpies. Comunicació sobre el mur.

Exposición celebrada en la Fundació Antoni Tàpies de Barcelona, del 23 de enero al 29 de marzo de 1992, en el IVAM, Centre Julio González de Valencia, del 14 de abril al 7 de junio de 1992, y en la Serpentine Gallery de Londres, del 19 de junio al 9 de agosto de 1992. Esta muestra presenta obras que van desde 1954 hasta 1967. Se trata de una exposición muy interesante para ver la evolución de Antoni Tàpies durante esos años.

A su regreso de su estancia en París en 1951, Tàpies emprende un nuevo rumbo artístico, que se traduce en la realización de muros sobre lienzo, uno de los elementos más carácterísticos de su obra. Los muros y tapias construidos sobre el lienzo ofrecen superficies opacas manchadas con signos a modo de lenguaje popular, una especie de graffiti que se opone al lenguaje privado de la abstracción, tan de moda en ese momento. De esta manera el muro sirve de tablero para comunicar las inquietudes de la sociedad. El muro se convierte en la metáfora de un foro en el que se inscriben graffiti que se revelan contra la situación opresiva del momento. Aprobecha la expresividad que puede tener la escritura en el muro, para provocar un impacto en el espectador.

Pintura, 1955. Gran oval, 1955.

Tàpies. Celebració de la mel.

Exposición celebrada en la Sala Rekalde de Bilbao, del 6 de octubre al 3 de diciembre de 1992.
Esta exposición recoge obras de Antoni Tàpies con una característica común, son obras en que dominan los efectos de las transparencias y las superposiciones, en contraposición a las superficies densas y opacas tan características de su obra.
En estas obras el artista parece querer penetrar en las obras, al menos visualmente, convirtiendo los objetos y seres en transparentes, diluyéndose en el fondo del lienzo.
Están realizadas en sus etapas iniciales, hasta la aparición de los muros y las pinturas matéricas, en que desaparece cualquier signo de transparencia. Pero vuelven a aparecer a finales de los setenta y principios de los ochenta con el uso del barniz por parte del artista con autonomía expresiva. El barniz aporta ligereza y claridad a la obra, por lo que de nuevo aparece el carácter de transparencia en sus obras. El hecho de que emplee los barnices no quiere decir que en los ochenta Tàpies renuncie a sus pinturas matéricas o a la creación de objetos. Los barnices, con su carácter propio de material traslúcido y ligero, expresan con gran propiedad la idea de temporalidad y cambio permanente que Tàpies tantas veces ha reflejado en sus obras.

<br />Die Zeit ist da, 1988.

Tàpies. Escritura material. Libros.

Exposición celebrada en la Fundació Antoni Tàpies de Barcelona, del 18 de diciembre de 2002 al 9 de marzo de 2003, y en La Casa Encendida, Obra Social Caja Madrid, en la primavera de 2003. Esta exposición se ha dedicado a los libros de artista o libros de bibliófilo que ha realizado o en los que ha colaborado Antoni Tàpies. Dentro del arte gráfico realizado por Tàpies, destaca su trabajo para libros de artista realizado en colaboración con poetas, literatos, científicos o filósofos, de manera que su trabajo acompaña a los textos. Entre los personajes que han colaborado con él están Dupin, Jabès, Ultan, Alberti, Bonnefoy, Brossa [+], Foix, Gimferrer, Guillén, Misterlich, Paz, Ullán, Valente o Zambrano, entre otros.

En los libros de bibliófilo Tàpies no olvida los valores expresivos del material, es más, los acentúa, cuidando las texturas del papel, rasgándolo o arrugándolo, llevando a los materiales a sus extremos.

Algunos de las publicaciones en las que ha trabajado Tàpies son:

 ¿Tú?, en colaboración con Antonio Gamoneda (1998).

Brodsky/Tàpies, con textos de Joseph Brodsky (1993).

Matière du souffle, junto con Jacques Dupin (1991).

Por un mundo sin ejecuciones, para Amnistía Internacional (1990).

La llum, realizado en colaboración con Pere Gimferrer (1990).

El árbol de la vida. La sierpe, con textos de María Zambrano (1989).

Carrer de Wagner, con poemas de Joan Brossa (1988).

Équation, con Jean Frémon (1987).

Lull-Tàpies, en colaboración con Ramon Lull, Pere Gimferrer y Miquel Batllori (1985).

Dans la double depéndanse du dit, en colaboración con Edmond Jabès. L’estació, con texto de J. V. Foix (1984).

Aparicions, junto con Pere Gimferrer (1982).

La pierre trouant le sens mais, plus tard, le ciel au fond de l’entaille, junto con Yves Bonnefoy (1981).

Tàpies répliquer, con Jean Daive (1981).

Anular, con José-Miguel Ullán(1981).

Repertorio de junio, con Jorge Gillén (1980).

Petrificada petrificante, con poemas de Octavio Paz (1978).

Retornos de lo vivo lejano, en colaboración con Rafael Alberti (1977).

Realiza grabados para un libro de Jean Daive (1975).

Ça suit son cours, con Edmond Jabès (1975).

La clau del foc, con prólogo y selección de textos de Pere Gimferrer (1973).

Air, con André du Bouchet (1971).

La Nuit grandissante, en colaboración con Jacques Dupin (1968).

Novel.la, junto con Joan Brossa (1965).

El pa a la barca, con Joan Brossa (1963).

Tàpies. Tierras.

De entre su trabajo escultórico, una de las facetas menos conocidas es la de escultura realizada con tierra cocida, al que el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía le dedica una interesante exposición del 26 de octubre de 2004 al 17 de enero de 2005. También se celebra esta exposición en la Fundación Caixa Galicia, Ferrol, de marzo a abril de 2005. Tàpies comienza a desarrollar esta materia desde principios de los años 80, a instancias de Eduardo Chillida y Aimé Maeght. Antes se había mostrado reacio a
utilizarlo, pero en 1981 comienza a colaborar con el ceramista Hans Spinner en el taller de Saint-Paul-de-Vence (Francia). A través del barro cocido, introduce este material en obras pictóricas pero sobre todo escultóricas. Tàpies muestra con toda claridad su vertiente mágica y alquímica, en objetos rituales, votivos. Muestra predilección por la tierra chamotada, con una textura muy adecuada para sus propósitos expresivos. Las obras que realiza son de tamaño medio, de aspecto tosco y primitivo, en las que abundan los objetos cotidianos y partes del cuerpo humano.

 

MATERIALES Y TÉCNICAS

Tàpies utiliza materiales muy variados, para dar fuerza expresiva a su obra: cola, polvo de mármol, piedra, cartón, paja,… Además emplea materiales pobres, o que tradicionalmente se han considerado antiestéticos, como la tierra, muebles rotos, ropa sucia,.... También utiliza materiales como la lava, empleada por el artista sobre todo en la segunda mitad de la década de los 80, y con la que realizará murales que posteriormente pintará y esmaltará, y el hormigón. Estos materiales le permiten mostrar la cualidad espiritual de lo más pobre y sencillo. De esta manera eleva a la máxima categoría materiales despreciados hasta el momento. 

Otra cualidad que aprecia en los materiales es su cotidianeidad, introduciendo en su obra zapatos, tela, una cama, una olla, un paraguas, platos o una almohada. Estos objetos en general cumplen con la característica anterior de objetos pobres, pero además aparecen desgastados por el uso y el paso del tiempo.

Altera sustancialmente la superficie pictórica, realizando además todo tipo de garabatos, incisiones, huellas, perforaciones en la obra. Para ello utiliza técnicas como el grattage, las mixturas (mezclando pintura al óleo con polvo de mármol), o el encolado de superficies. Con todos estos métodos trata de resaltar las cualidades matéricas de la obra. Sus obras matéricas se pintan con una reducida paleta de colores, a veces incluso utiliza un solo color en todo el cuadro, de manera que reflejan el mundo interior, el mundo filosófico.

TEMAS Y MOTIVOS

Muchos de los temas más representativos surgen en su periodo de formación y se mantienen durante toda su trayectoria, pero representados de diferente modo según las épocas. En general utiliza temas que le son cercanos, y los representa de diferente manera según va evolucionando. En algunos momentos se intensifican los temas políticos, a consecuencia de sus propias inquietudes, sobre todo en la etapa final del franquismo.

El uso ambiguo del cuerpo y la sexualidad van a ser también un tema esencial en su trabajo. El interés de Tàpies por el cuerpo humano ha sido siempre muy intenso. El cuerpo transformado por el paso del tiempo, la sexualidad. En relación al cuerpo humano
también concede importancia a la huella, con la que traslada al espectador una reflexión acerca del paso del tiempo. Son imágenes de pisadas, huellas de la mano o de un brazo, que ponen de manifiesto lo efímero y fugaz de la existencia humana. En vez de representar un objeto o una persona, se representa su ausencia.

El material y el tema son presencias inmediatas, ninguno prevalece, están a un mismo nivel. En un papel de embalar, un torso femenino se extiende hasta hacerse irreconocible. El torso se funde con el papel de embalar, soporte y figura se convierten en uno. Se ha empleado un material considerado pobre, de desecho, como es el papel de embalar. “Se trata de estimular que la gente vea con mucho respeto cualquier cosa de la vida, no solamente los grandes hechos o las grandes retóricas, sino que la profundidad de la conciencia, del espíritu, puede estar en las cosas más pequeñas y banales”.

El tema de la continua transformación de las cosas, y la crítica al pensamiento occidental van a ser ejes de su trabajo. A lo largo de su carrera, Tàpies muestra un interés cada vez mayor por el pensamiento oriental, que se ve reflejado en sus obras; el “materialismo” de su obra sintoniza profundamente con la filosofía oriental: un envoltorio que contiene un objeto es tan importante como el objeto mismo. También el pensamiento oriental de armonía entre el hombre y la naturaleza es asimilado por el artista. Insiste en la negación del dualismo en el pensamiento moderno occidental, que divide lo material y lo espiritual en dos
realidades diferentes.

Entre los motivos que plasma en sus obras, muy recurrentes van a ser los signos esotéricos y las caligrafías, de modo que aparecen motivos muchas veces repetidos, como la A, la T, ambas haciendo referencia a sus iniciales, y la T también se refiere a la inicial del nombre de Teresa, su esposa, de manera que con la unión de ambas iniciales quiere también reflejar su propia unión con su mujer. Otras veces las letras evocan palabras esotéricas, de contenido mágico, o pretenden plasmar pensamientos concretos.

La cruz (ya sea griega, latina, en aspa), es un motivo muy presente en toda la obra. Se pueden realizar diferentes interpretaciones, como la representación del dualismo entre materia y espíritu, o puede hacer referencia al apellido del artista, cuya inicial es la T, o puede ser una manera de tachar algo, eliminarlo, o también una manera de llamar la atención sobre él, como el mismo artista apunta. A menudo ha utilizado también la imagen de las tijeras abiertas por su similitud a la X. Es un signo polivalente, lleno de enigma y misterio, que tiene una fuerza especial.

En algunas obras aparecen números, que cobran importancia como reflejo de un universo constituido por fórmulas matemáticas. También figuras geométricas, a veces distorsionadas: óvalos, círculos, cuadrados, triángulos.

 

En cualquier caso, todos estos elementos que aparecen con asiduidad en las obras de Tàpies son empleados por el artista como un medio para reconocer su obra, un repertorio que sirve como marca de propiedad, aunque cada signo tiene su propio significado.Entre los motivos que utiliza frecuentemente, la puerta forma, además del muro, un intento del artista de acercarse al enigma mismo de la existencia. Para ello utiliza imágenes estéticamente sencillas pero cargadas de contenido: una puerta cerrada, una puerta entreabierta, una arrancada de su marco, o una puerta llena de incisiones y grietas. La imagen de la escalera es otro elemento reiterativo. Es un elemento que conecta dos mundos, dos realidades, que supone un cambio de un plano a otro del pensamiento. Revaloriza los temas sociales y estéticamente proscritos. Tàpies rechaza los cánones de belleza de nuestra sociedad, y trata de romper con sus principios más extendidos, eligiendo temas que tradicionalmente se consideran de mal gusto o también fetichistas: una defecación, un zapato abandonado, un pie,...

[1] Tierra chamotada: Mezcla de tierra normal y desperdicios de la misma cerámica ya cocida y machacada.

Dau al Set

Joan Brossa, Modest Cuixart, Joan Ponç, Joan-Josep Tharrats, René Métras y Antoni Tàpies, 1949.Cubierta para el número de diciembre de 1952 de "Dau al Set"."Dau al Set". Suplemento dic., 1949. Portada realizada por Tàpies, Cuixart y Joan Ponç.

Grupo artístico y literario formado en Barcelona en 1948 que se mantiene hasta mediados de los años 50, y que además de realizar obras artísticas, elabora una revista del mismo nombre. Joan Brossa [+] y Arnaldo Puig como poetas, Antoni Tàpies [+info], Modest Cuixart, Joan Ponç y Joan-Josep Tharrats como pintores participan en el grupo. Otros artistas como Jaume Muxart y Joseph Guinovart, o los críticos Juan Eduardo Cirlot y Alexandre Cirici i Pellicer colaboraron también con Dau al Set.

La actividad del grupo se inspira en el Surrealismo, además de brindar su apoyo a artistas españoles tan dispares como Antoni Gaudí o Joan Miró [+info], y de introducir el informalismo en España.

La revista Dau al Set se publica entre 1948 y 1956, aunque el periodo de mayor actividad transcurre hasta 1953. Se publican casi una cincuentena de números, de los que cabe destacar los dedicados a Joan Miró [+info], Paul Klee, Antoni Gaudí, Francis Picabia o los relacionados con los propios artistas del grupo, por mencionar parte de su contenido. Su formato tiene ciertas similitudes con los “libros de artista” y su contenido recopila artículos y textos, fundamentalmente en catalán. Esta revista pretende romper con la cultura represiva del franquismo e impulsar la vanguardia española.

Foto retocada de Joan Brossa, aparecida en un núm. de Dau al Set.Foto retocada de Modest Cuixart, aparecida en un núm. de Dau al Set.Foto retocada de Joan Ponç, aparecida en un número de Dau al Set.Foto retocada de Antoni Tàpies, aparecida en un número de Dau al Set.

Informalismo

El término informalismo, acuñado por el crítico francés Michel Tapié en su libro Un art autre (1952), hace referencia a un tipo de pintura abstracta instintiva y espontánea vigente en Europa durante la década de los años 40 y 50 del pasado siglo. El término francés “informel” es más cercano en este caso a la traducción “sin forma” que al término español “informal”. El movimiento, desarrollado tras la Segunda Guerra Mundial, plantea una ruptura con el arte europeo anterior, desarrollándose paralelamente al expresionismo abstracto de EE.UU.

Los artistas pertenecientes a este movimiento, aunque con características diferentes unos de otros, tienen puntos en común, como la realización de obras de manera espontánea y aleatoria, no premeditada, creando pinturas carentes de composición preestablecida, el recurso a la gestualidad y el interés por las propiedades físicas del material. Dan suma importancia a las formas, las texturas, las manchas, tratando de expresar de esta manera el mundo interior del artista. Combinan y acumulan gran cantidad de materiales, incluso materiales de deshecho, y realizan vertidos, goteos, cortes o destrozos sobre lienzo. Hay una carencia de sujeción a las pautas artísticas convencionales, tanto en el tratamiento plástico como en la composición de la obra.

 

Entre los precursores de este movimiento en Europa están dos artistas alemanes afincados en Francia: Wols y Hans Hartung. Aunque en Europa este movimiento comienza en la década de los 40, sin embargo en España no es hasta mediados de los años 50 cuando los artistas españoles del momento vuelven su mirada hacia París y comienzan a ver nuevas posibilidades de experimentación con los materiales y técnicas. El movimiento en España se concentra fundamentalmente en dos focos: Madrid y Cataluña. En Cataluña el grupo Dau al Set [+info] se adentra en esta corriente artística, siendo Tàpies el primero en iniciarse en ella. Dada la importancia que se va a conceder a las formas, materiales y texturas, va a predominar el informalismo matérico, que en Europa siguen artistas como Alberto Burri. También artistas como Juan Hernández Pijuán, Joseph Guinovart, Albert Ráfols Casamada o Manuel Hernández Mompó pertenecen a esta corriente en Cataluña.

 

En Madrid, donde predomina en cambio el informalismo expresionista, Antonio Saura y Manuel Millares, artistas del grupo El Paso, fundado en 1957, trabajan inmersos en este movimiento. También otros artistas como Fernando Zóbel, Gustavo Torner y Gerardo Rueda (componentes del grupo de Cuenca), César Manrique o Lucio Muñoz entre otros, figuran entre los artistas de este movimiento en Madrid.