Evolución de su trabajo

A comienzos de los noventa, el trabajo de José Ramón Amondarain se caracterizó por una pintura colorista y geométrica. El cromatismo, predominante eran los negros y rojos, de esta etapa, concretamente de 1993, destaca su participación en Sueños geométricos, exposición celebrada en Arteleku. El comisario de la exposición, Juan Manuel Bonet, seleccionó a un grupo de diez artistas, que recurrían en sus obras a los elementos geométricos.

Posteriormente sus pinturas se vuelven más complejas, a medio camino entre la figuración y la abstracción. Tras este periodo más abstracto, Amondarain comenzó a plasmar en su obra lo que Jesús Meléndez denomina “mostrar la materialidad y fisicidad de la pintura”, es decir, conseguir mostrar cómo la pintura puede llegar a ser materia sólida. Esta materia sólida es denominada mocho. Los mochos son objetos modelados con óleo, tan autónomos que no necesitan soporte. En los últimos trabajos, vienen planteándose las diferentes relaciones que mantienen la pintura, abstracta y figurativa, con la fotografía.