Blow Up, Blow Up (2009)


A partir de los fotogramas duplicados de una copia en 35mm de la película, Fontcuberta nos propone la acción de seguir ampliando unos negativos en el punto donde Thomas, el protagonista del relato, se detiene. Más allá de revelar la presencia de un cadáver en un parque, el gesto de Fontcuberta apunta al cadáver de la propia representación: un cuerpo inerte en el que asoman, con la radical economía de medios impuesta por el procedimiento, las tensiones entre acontecimiento y representación, entre documentalidad y ficción, entre experiencia e imagen.
La paradoja es que rebasado nuestro umbral de inteligibilidad las monumentales ampliaciones pierden toda referencia de la escena inicial para permitir emerger en cambio toda la información intrínseca al propio soporte de la película (el grano, los arañazos, las formas irreconocibles de manchas blancas y negras…). Fontcuberta con ello nos sumerge hasta el grado cero del material fílmico y nos transporta, atravesando toda posible significación, hasta su naturaleza más íntima. Es como si pretendiésemos indagar de qué están hechas las imágenes.