Metamorfosis arquitectónica: nuevos usos culturales para viejos edificios

 

 

Uso original: finca El Cabrito, plantación agrícola

Fecha construcción: en torno al 1900

 

 

 

 

                                       

 

 Uso actual: hasta 1991 comuna experimental austríaca; dedicado al turismo ecológico en la actualidad

Fecha ocupación: 1987 - 1991

Fecha rehabilitación: 1987 – 1990

Dirección: La Gomera

Tel/Fax: 922 141614, 922 145070 / 922 871234

Web: http://www.elcabrito.es

Email: info@elcabrito.es

 

 

Historia del edificio:

Alrededor del año 1900, una rica familia de San Sebastián adquirió la finca El Cabrito. Construyeron varias terrazas y tres presas en la parte superior del valle, para así poder establecer una agricultura profesional. Durante las siguientes décadas, los dueños alzaron almacenes y construyeron su propio muelle, excavaron pozos y crearon caminos, superficies de cultivo y casas, tal como hoy en día siguen existiendo.

Al principio cultivaron sobre todo tomates e hicieron de El Cabrito una de las plantaciones más bellas de la isla. Hasta 150 personas solían trabajar aquí  y algunos de ellos vivían con sus familias en las mismas casas que hoy albergan a nuestros huéspedes. Otros atravesaban diariamente las montañas desde Seima o San Sebastián hasta El Cabrito y viceversa.

Debido al éxito que tuvieron los tomates más baratos procedentes de otros países en el mercado europeo, El Cabrito – como el resto de las Islas Canarias – perdió sus mercados después de la Segunda Guerra Mundial. Fue por eso que a principios de los cincuenta se empezó con el cultivo de plátanos.

Tras la muerte del hijo del antiguo propietario alrededor del año 1970, sólo se hacía lo básico para mantener la finca. A consecuencia de ello, los edificios y terrazas se fueron desmoronando.

Una comuna experimental austriaca, creada en 1972 y denominada con el nombre de su fundador Otto Mühl (conocido como artista del accionismo vienés), compró la finca El Cabrito en el año 1987. Después del accidente de Chernobyl sus más de 300 miembros, que vivían en “Friedrichshof” en Viena, así como en otras ciudades de Europa, buscaron un lugar donde poder pasar sus vacaciones y más adelante establecerse. Con este propósito, la comuna se dedicó a la recuperación de El Cabrito. Reformaron todos los edificios, repararon las terrazas de piedra natural y las tres presas y sus pozos, y reactivaron la agricultura.

De esta manera muchos de los edificios e instalaciones originales de la antigua finca pudieron conservarse hasta la fecha. Aún estampan un carácter pre-industrial y rural a las instalaciones. Asimismo, construyeron una cocina y una depuradora biológica e instalaron paneles de energía solar y regadíos modernos. Alzaron talleres, estudios de pintura y oficinas.

Pero ya durante los trabajos de reconstrucción y reforma se desataron ciertos procesos en la evolución de la comuna, que en el año 1990 condujeron a su disolución. Por así decir, El Cabrito fue su último proyecto en común. En el transcurso de la ruptura se formó una sociedad cooperativa y la propiedad de El Cabrito pasó a manos de ella. A cada miembro de la comuna le cedieron una parte igual de los bienes en forma de acciones de la cooperativa. Otto Mühl se separó poco después.

El objetivo de la sociedad cooperativa fue entonces convertir El Cabrito en una empresa independiente. Sin embargo, la agricultura no bastaba. Así, en enero de 1991, empezaron a contratar personal para poder alojar a los primeros huéspedes. La combinación de un entorno natural intacto, el confort sencillo y el ser un lugar idílico para las familias, resultó ser una atracción sobre todo para visitantes de Alemania, Austria y Suiza.

En el año 2000 EL hotel se había establecido hasta tal punto, que la cooperativa pudo traspasar el 85% de las acciones de El Cabrito a sus miembros y clientes habituales. Con la venta de un gran terreno cerca de Santiago se pudo iniciar una segunda fase de la inversión. Con ésta se crearon otras nuevas instalaciones que permiten satisfacer los requisitos de un centro vacacional moderno.

El objetivo sigue siendo el mismo: El Cabrito mantiene un ambiente acorde con los principios ecológicos. Los huéspedes disfrutan de una alimentación basada en su mayor parte en productos biológicos, cultivados en la finca y gracias a la situación apartada de este mágico lugar, pueden gozar de un profundo reposo. (Fuente: El Cabrito)

Actividades:

Las artes plásticas tienen una larga tradición en El Cabrito. Las salas de la factoría de plátanos fueron usadas para exposiciones de importantes artistas. En el transcurso de muchos años, la Academia Estival de Salzburgo organizaba cursos en El Cabrito durante los meses de invierno. Ahora se realizan seminarios de arte de pequeñas agencias varias veces al año. (Fuente: El Cabrito)