Francisco Leiro

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Obra

Francisco Leiro en su estudio de Nueva York.Francisco Leiro, gracias a su genuino repertorio escultórico se ha consolidado como uno de los artistas contemporáneos más relevantes del panorama artístico actual, convirtiendo sus obras en auténticos iconos contemporáneos. A comienzos de los años ochenta participó en las colectivas Atlántica, que aglutinaron a una generación emergente de artistas que en la década de los ochenta renovaron la plástica en Galicia.
Se dice de Leiro, quien desde el principio gozó del reconocimiento de la crítica especializada, que se convirtió en abanderado de la imaginería gallega mostrando en sus obras elementos propios de la mitología de su tierra. Iconografía que materializa en forma de vistosas esculturas en las que volumen y forma juegan un papel importante.

Maja del peine, 1991.Sanson, 1984.Atlas, 2003.


Desde sus comienzos el artista se decantó por el uso de la piedra y madera, materiales clásicos que supo trabajar y explotar en beneficio de su creatividad. La madera es un material que se trabaja más cómodamente y que ha permitido al artista realizar sobre las mismas distorsiones compositivas a su antojo, consiguiendo de este modo una excelente calidad en la expresividad en sus formas. La madera toma, en este hecho, un papel importante ya que el artista no oculta ni los nudos ni las vetas propias de este material, dotando a sus obras de un carácter “inacabado” aparente.


Lámpara, 1978.Celso, 1985.Queen Elisabeth, 1989.


Con el paso del tiempo y en su bagaje artístico, Leiro ha ido adquiriendo nuevas fórmulas de trabajo y nuevos elementos que ha sabido combinar con la madera y piedra originales. Se trata del empleo de materiales derivados de la industria química actual y de reciclaje como el poliéster, la goma, la silicona, el plástico y la fibra de vidrio. En cuanto a la técnica, cabe mencionar que la talla es la protagonista y que se trata de una talla ahondada, incisiva, en ocasiones brutalista y en ocasiones sumaria.


El resultado de la suma de todos estos elementos es una serie de figuras humanas de gran expresividad, de formas alteradas y movimiento exagerado. Uno de los recursos de Leiro es el contraste de diferentes materiales, cuya composición hace que el artista realice llamativas esculturas. Para causar un mayor impacto sobre el espectador recurre a la policromía, consiguiendo así la unión entre color y forma.


Tripulación, 1986.Las esculturas de Leiro son la conjunción entre realidad y fantasía. Sus creaciones, en ocasiones compuestas por diferentes imágenes y realizadas con diversos materiales, o bien muestran asociaciones insólitas que sorprenden a quien las observa, o bien ofrecen la cara más habitual de la cotidianeidad. Así, el espectador se asombra o se siente identificado, experimentando en ambos casos alguna sensación.


 


Otra característica es la sensación de movimiento que es capaz de transmitir en todas sus esculturas, consiguiendo “retener un segundo”, un instante que perdurará congelado en el tiempo y espacio en forma de escultura. La gravedad es un elemento que siempre está presente en sus creaciones, las esculturas parecen estar en movimiento y en ocasiones ladeadas o “congeladas” en ese preciso instante antes de caer, como si levitaran o se suspendieran en el aire. Por este motivo han sido calificadas de autómatas, figuras detenidas en el gesto que les caracteriza.


 Embozada amarilla, 1996.


En su temática encontramos las Embozadas, esculturas femeninas cuyo rostro permanece oculto mientras que sus cuerpos total o parcialmente desnudos, no resultan en absoluto atractivos por el desmesurado tamaño de sus pechos. Es característico de sus figuras que tengan algún miembro de su cuerpo exagerado como se ha dicho en numerosas ocasiones, alguna parte en distorsión. Sus esculturas resultan vulgares. Trata mediante éstas la relación entre hombres y mujeres e ironiza en torno a esta cuestión. Y en esta labor crítica e irónica Leiro recurre a la caricatura para ironizar sobre la “guerra de sexos”, e incluso va más allá, y se burla de la humanidad enjuiciando el mundo que le rodea.


Suma a su ingenio la ironía obteniendo esculturas en las que se vislumbra cierta preocupación picassiana en torno a la figura femenina.


Pero a diferencia de Picasso, Leiro distorsiona los cuerpos con el propósito de mostrar la decadencia inherente al ser humano sin creer que tras su distorsión aún existiera belleza alguna, Picasso en cambio, quien deformaba los cuerpos de forma grotesca pero creyendo siempre en su belleza. Leiro no pretende otras formas de belleza sino que su objetivo es bien distinto, deformar para ridiculizar, y encuentra en la caricatura su mejor aliada. Se dice de Leiro que recurre a la parodia, al humor y la ironía en su labor creadora.


El estilo inconfundible de este pintor autodidacta por definición, conformado por diferentes etapas, siempre ha obedecido a una figuración expresionista manteniendo como referentes fundamentales de su estilo la escultura tradicional gallega de talla en madera y las formas arcaicas de la escultura.


A medida que su trayectoria se consolida, su estilo se define. Abandona la década de los ochenta propia de esculturas de figuras únicas para inaugurar la nueva década con una propuesta diferente, presentando híbridos entre personajes y objetos. Los años noventa se caracterizan por una sutileza poética, en ocasiones caracterizada por el contraste entre materiales, formas y colores. Los personajes representados durante este periodo son anticlásicos y consolidan la capacidad que posee el artista para “moldear” un dicho, un pensamiento, un sentimiento, un juego...


Su obra se consolida como un puente entre lo tradicional, un pasado popular, y la vanguardia. Su obra es muestra de un gusto por las referencias de una tradición popular, reflejo de su proximidad cotidiana, el resultado de un reflexivo proceso de trabajo y se sitúa en una radical reivindicación de la escultura centrada en el cuerpo.


Flor Manola, 1979.Peregrino 3, 1992.