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Nicolás de Lekuona

Pintor, grafista y fotógrafo, Nicolás de Lekuona (Ordizia, 1913-1937) nace en el seno de una familia liberal, culta y de buena justo un año antes del inicio de la Primera Guerra Mundial.

Nicolás era el mayor de siete hermanos a quienes fotografiaría años después. Ellos eran: dos chicos, Pedro y Gregorio, y cuatro chicas, María Dolores, Beatriz, María Teresa y Trinidad. Estos siete hermanos constituían la descendencia del matrimonio formado por Blas de Lekuona y María Nazábal. Blas pertenecía a la segunda generación de veterinarios de la familia, una profesión que desempeñó en su ciudad, logrando una buena reputación e incorporando a su práctica adelantos que traía de sus viajes a Francia. En cuanto a María Nazábal, madre del futuro artista, era un ama de casa culta que hablaba francés a la perfección debido a su educación con monjas francesas.       
   
De naturaleza amable, abierta y bondadosa, Nicolás de Lekuona era un lector voraz con una enorme curiosidad por todos los aspectos que concernían los movimientos culturales de la época. Desde muy temprana edad siempre le acompañó su cuaderno de notas, costumbre que mantuvo durante su joven y corta vida.

La formación de Nicolás se inicia en el Colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, un centro religioso de Beasain, donde ya muestra interés por el dibujo y la fotografía llegando a ganar incluso un concurso de dibujo organizado por la revista infantil “Pinocho”. En 1929, una vez completados sus estudios de primaria y secundaria en Villafranca, ingresa en la Escuela de Artes y Oficios de San Sebastián para preparar el examen de acceso a la Escuela Técnica de Arquitectura de Madrid.

La proximidad de Francia y San Sebastián, hacía de esta última un lugar privilegiado al que llegaban las noticias de las vanguardias artísticas, tales como el cubismo, el dadaísmo, el surrealismo, etc., que se expandían líbremente por los círculos artísticos de la ciudad, donde se disfrutaba del espíritu innovador que iluminó los inicios de la Segunda República.

En 1932 comienza sus estudios en la capital, que duran hasta 1935. Sin embargo, sus inicios no son fáciles, pues ese mismo año 32 muere su padre, dejando a la madre sola al cuidado de sus siete hijos de edades comprendidas entre los diecinueve y los dos años, y con limitados recursos económicos. Este hecho, además de marcar su trayectoria posterior, sitúa a Lekuona como responsable de su familia, una presión de la que se libera al iniciar su formación en Madrid.       
       
Durante los tres años en Madrid vive en el piso-sombrerería de Avelina, una pariente de la familia, y su oficiala, Carmen Álvarez. En la capital madrileña se relaciona con la vanguardia artístico-literaria, asiste a la famosa tertulia del Pombo liderada por el escritor Ramón Gómez de la Serna, acude al Círculo de Bellas Artes y al estudio de Manuel Abril y frecuenta la casa del intelectual alemán Diehl.
Mantiene también un contacto continuado con artistas vascos de su generación como Oteiza, José Sarriegui, Narkis Balenciaga, el poeta nacionalista Lauaxeta o el musicólogo y bibliófilo Antonio Odriozola para quien realizó la escenografía de la obra La Sibila Casandra de Gil Vicente, que iba a dirigir el propio Odriozola en el verano del 36 en San Sebastián.

Unos años de gran intensidad en los que no olvidó tampoco su tierra natal. De hecho, durante este tiempo realizó numerosas exposiciones en el País Vasco. En 1933 fue premiado en la Exposición de Artistas Noveles Guipuzcoanos. En 1934 presentó numerosas fotografías, dibujos, pinturas y un fotomontaje en la exposición celebrada en el Kursaal junto a Oteiza y Balenciaga,… (ver el apartado “Exposiciones”). Fueron también unos años, los de la República, en los que la información sobre la Revolución soviética se hizo accesible, algo que puso probablemente en contacto a Lekuona con las ideas constructivistas y con el trabajo de artistas como Rodchenko.

Terminados los estudios, Lekuona regresa a Gipuzkoa, viajando en tren todos los días de Ordizia a San Sebastián, donde trabajaba como ayudante del arquitecto Florentino Mocoroa, una actividad que compaginaba con la continuación de su obra personal en el estudio de la casa familiar de Ordizia. En el trabajo que realizaba en casa incluía a miembros de su familia y su entorno inmediato como motivos fotográficos, de forma muy similar a la artista del siglo XIX, Julia Margaret Cameron. También continúa pintando y dibujando a la vez que realiza “cómics” divertidos y espontáneos.

Tras el inicio de la guerra civil y ser ocupada Ordizia por las tropas franquistas, deberá hacerse falangista y colabora con la “Quincena GU” (reconvertida por la falange) haciendo retratos para obtener fondos para el frente, junto a Carlos Ribera, Cabanas Erauskin (pintores) y Aladren (escultor).
Enviado al frente como camillero, moría, con tan sólo 24 años, en un bombardeo en Frúniz (Vizcaya) el 22 de junio de 1937, truncándose así una brillante carrera, una figura más de esa generación perdida a causa de la guerra.

Oteiza, con quien mantenía una estrecha relación, escribió en 1970 un poema dedicado a Lekuona evocando el día en que éste murió: “viaja a su muerte Nicolás de camillero / Nicolás con la muerte en su camilla” y añade “mi memoria tengo hoy de luto / yo tu más íntimo amigo”.

Una breve vida que ha dejado, sin embargo, un legado artístico de gran calidad e intensidad.